Opinión

El augurio de la inestabilidad

   
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Especial Divisas Quintana

Empieza mal la semana al que ahorcan en lunes, dice aquel cruel adagio. Y no es que hayan ahorcado a los mercados financieros, pero casi comienzan de esa manera el 2016.

El índice Dow Global, que resume los mercados globales, cayó 2.0 por ciento en su primer día hábil del año, el peor desempeño desde el arranque de 2008, lo mismo que en los mercados de Estados Unidos.

No quiere decir que todo el año vaya a ser así, pero es un ejemplo vivo de lo que nos espera en 2016.

El detonador, para variar, fue China, cuyo mercado se desplomó en 6.86 por ciento debido a la oleada de ventas que propició en dato de las manufacturas. El índice de los gerentes de compras de China cayó en diciembre a 48.2 desde 48.6 puntos de noviembre, ligando diez meses de retrocesos.

El temor de que los mercados chinos vayan a venirse abajo nuevamente persiste. Pese a la caída de ayer en la bolsa Shanghái, el nivel de su principal índice se encuentra aún 62 por ciento por arriba del que tenía hace 18 meses.

La fuerte caída que ha experimentado este mercado está lejos de eliminar el boom de la bolsa china, que detonó en julio en 2014, por lo que aún hay potencial de retroceso.

Quizás hoy y en los siguientes días de la semana ya no haya caídas salvajes como la del lunes, pero lo sucedido en el primer día hábil del año es una muestra de que la volatilidad va a continuar.

Al nerviosismo desatado por los datos de las manufacturas de China hay que sumarle las tensiones en el Medio Oriente, que vuelven a crear un ambiente de incertidumbre.

La diferencia respecto al pasado es que ahora esos hechos no se tradujeron en un alza del precio del crudo. La producción adicional de la OPEP volvió a propiciar un arranque a la baja, con un retroceso de 1.2 por ciento y una cotización que quedó en 27.04 dólares por barril para la mezcla mexicana.

¿Cuáles son los márgenes que tiene la economía mexicana este año en un entorno internacional tan incierto?

Estrechos. Para usarlos requiere, sin duda, de dos cosas. La primera es que garantice que no se caiga el dinamismo del mercado interno. Aunque –como le decía ayer– va a ser difícil que mantengan los ritmos del año pasado, será importante que el empleo y el crédito no se detengan y sigan creciendo a tasas elevadas.

La segunda es que se acelere la instrumentación de las reformas, en especial en los sectores energético y de telecomunicaciones, con objeto de propiciar volúmenes crecientes de inversión, que puedan ser un factor dinamizador de la economía.

El riesgo es que vayan a adquirir lentitud por asuntos de carácter burocrático, que frecuentemente llegan con las nuevas regulaciones.
Aun si las cosas se hacen bien, tendremos un panorama complejo, que obliga a andar con pies de plomo.

El gobierno debe cuidar su endeudamiento y las empresas, sin dejar de invertir, deben hacerlo en proyectos con altas probabilidades de éxito.

En un entorno como el que vamos a enfrentar tal vez sea mejor equivocarse al ser conservadores, que errar siendo excesivamente agresivos.

Cuando la incertidumbre prevalece, las decisiones económicas deben tomarse considerando el peor de los escenarios y no el más optimista.

Twitter: @E_Q_

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