Opinión

El asesor de AMLO se distrae con este proyecto

 
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Asesor de AMLO. (Cuartoscuro)

Les dicen Fuck Up Nights. Son reuniones de emprendedores organizadas principalmente en la Ciudad de México a las que acuden varios a contar en público cómo fallaron con un negocio.

Alfonso Romo podría dar cátedra ahí y eso en México suele ser mal visto. Fallar es inapropiado aún cuando aquí todos fracasan alguna vez. Solo una nueva generación de emprendedores empieza a ver los fracasos como medallas de guerra.

Romo, el ingeniero agrónomo por el Tec de Monterrey que se volvió empresario, colecciona capítulos conocidos: cuando compró una cigarrera que terminó vendiendo o aquella dolorosa entrega de Séminis a Monsanto.

Pero hay nuevas tareas que de él se saben menos, mucho menos que su afiliación con la campaña de Andrés Manuel López Obrador.

Ocurre con cierta frecuencia. Emprendedores maduros aún teniendo éxito en otros negocios, suelen volver a aquello que los hizo empezar en la batalla, aún y cuando aquel intento les salió mal.

Romo tuvo éxito con su Casa de Bolsa Vector, pero apenas hace dos semanas regresó de lleno a sus bases.

Inauguró en Yucatán una planta de su empresa Enerall y de la gigante Cargill, que almacenará maíz, soya y sorgo cuya producción está detonando en la región. Invirtieron en ésta apenas 140 millones de pesos, pero la apuesta simboliza la culminación de un proyecto que es más grande: convertir la improductiva tierra de la península para que ahora genere alimentos.

“Un compañero del Tecnológico me dijo… ¿por qué no vienes a Yucatán? Dije que no porque está asentado sobre piedras”, dijo Romo durante la inauguración con el propósito de arrancar algunas sonrisas, mientras le observaba este 14 de noviembre el gobernador priista de Yucatán, Rolando Zapata.

Hoy ya son 7 mil 500 hectáreas las que producen granos en el estado que celebra anualmente producciones récord, y es en gran medida Enerall, de Romo, la que lo provoca.

Así explica la empresa su proyecto: “(Enerall) está transformando tierra en desuso en suelos activos con alta capacidad de producción y acceso a agua, utilizando tecnologías y procesos sustentables y sostenibles.

La tierra transformada contribuye a la expansión de la frontera agrícola nacional, integrando plataformas agroindustriales sustentables y competitivas a nivel internacional, en nuevas zonas de desarrollo”.

Listo, Romo está de regreso. La planta almacenará 50 mil toneladas de granos, y el proyecto incluye una secadora de maíz y soya con capacidad de procesar 2 toneladas por minuto.

¿Por qué confiar ahora en que el proyecto funcionará? Romo sembró jatrofa para producir biodiésel y falló. Lo mismo le pasó con el tomate y con otro intento de vender maíz.

La razón está aparentemente en la soya, de acuerdo con la periodista especializada Verónica Martínez.

Los suelos yucatecos la producen masivamente y este producto entrega a quien lo vende un 25 por ciento más de ingresos respecto al maíz.

La demanda de soya explota. Asia consume cada vez más carne de cerdo mexicana procedente de animales que la incluyen en su dieta (aquí escribí al respecto).

Además, en la cadena desde la producción hasta el consumo está integrado Jacobo Xacur, el dueño de Proteínas y Oleicos, empresa que fabrica aceites y grasas vegetales que hoy debe importar su materia prima en gran medida.

Romo y el resto de los involucrados establecieron un ciclo de producción que inicia en la primavera con la soya y continúa en el otoño con el maíz, sobre el mismo suelo, lo que aumenta su rentabilidad.

A este ciclo cuyo epicentro está en el municipio de Tizimín, se sumaron empresarios entre los que destaca Benjamín Paredes, pero también grupos menonitas que emigraron desde Chihuahua.

El gobierno del estado pronostica que pronto este sistema de producción alcanzará 25 mil hectáreas, es un área similar a la superficie que ocupa la ciudad de Guadalajara. Eso distrae a Romo mientras en estos días explota la fiebre por las campañas.

Twitter: @ruiztorre

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