Opinión

El arte Duarte

 
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Javier Duarte

Gil no da crédito y cobranza. Cuando todo va mal, nada como tomarse unas vacaciones. Lo sabe el gobernador de Veracruz, Javier Duarte, quien acaba de regresar de España. Mientras su gobierno ha sido criticado seriamente y puesto bajo sospecha por el asesinato de 16 periodistas, él iba y venía por los museos de Madrid. Los viajes ilustran. Ahora los invito, amigos y amigas, al Café Gijón a comernos un cocido que te caes muerto, y unos boquerones, y una fabada, y unos chipirones, y unos pulpos en su tinta, y una trucha de rechupete, y un arroz negro de irte de espaldas, y eso sí, unos buenos vinos de taninos irrepetibles. Gobernador, en México tenemos algunos problemas, en los medios nos tunden. No haga caso, Godínez, aprenda a gozar de la vida. Camarero, a mí me trae una leche frita, pero doble.

Gilga pensó que después de Ángel Aguirre Rivero en Guerrero (ero-ero); luego de Gabino Cué, autodenominado Libertador de Oaxaca, enseguida de Padrés en Sonora, en fon, sería difícil, si no imposible, encontrar un gobernador más impresentable. Ah, ingenuo e incauto Gamés, aquí tenemos a Javier Duarte, artista mayor del cinismo, priista incombustible, creador de realidades alternas. Duarte afirma que los asesinatos de periodistas ocurridos durante su gobierno no han quedado impunes, que todos los casos han sido investigados con eficacia por la Procuraduría de su estado. El señor apareció ante los medios para explicar todo lo que ha hecho para fortalecer la libertad de expresión. Como lo oyen: una cachaza de antología.

Un episodio de amnesia
Gil lo leyó en el sitio electrónico de su revista etcétera: “Según el gobernador son 11 los periodistas que han perdido la vida durante su administración, aunque distintas organizaciones documentan 16. De los 11, aseguró que tres han sido esclarecidos por la Fiscalía estatal”. Menos mal, si son 11 los periodistas asesinados y no 16 la situación mejora notablemente. Mecachis en veinte, profiere Gilga mientras camina sobre la duela de cedro blanco.

A veces Gil no sabe cómo reaccionar ante los dichos de políticos como Duarte y acaba jalándose los pelos. Duarte afirma que no dijo lo que dijo, que sus palabras fueron descontextualizadas (una palabra larga).

Ese día, recuerda su revista etcétera, Duarte dijo que no se debía “confundir la libertad de expresión con representar la expresión de los delincuentes a través de los medios”. Además de todos los litigios que el gobernador de Veracruz tiene con su estado, Duarte padece amnesia. Olvida lo que ha dicho con una facilidad admirable. Según los trascendidos, este hombre olvida incluso quién es: ¿Quién soy?, le pregunta a su secretario de Gobierno. Javier Duarte, el mandatario de Veracruz, le contesta Buganza. Mientes, yo podría ser cualquier cosa menos gobernador. Y de pronto, el olvido logra el milagro de una verdad y una mentira en sincronía perfecta.

En el amplísimo estudio, el asombro y el estupor podían cortarse con tijeras. El corazón simple de Gil preguntó al viento: ¿cómo es posible que una persona como Duarte haya llegado a ser gobernador de un estado de la República? ¿No es sencillamente aterrador? Mientras son peras o son manzanas, Miguel Ángel Mancera ha citado a declarar a Duarte por los crímenes de la Narvarte. El subprocurador de Averiguaciones Previas viajará a Veracruz para tomar la declaración en relación a los hechos. Gil hace un extrañamiento brechtiano y dice: a estas líneas sólo les falta la pena de dos palabras que Gamés no quisiera usar nunca en la vida: “implementar” y “coadyuvar”. ¡Pfst! ¡Canastos!

Tiempo
En otro orden de cosas. El enérgico secretario de la Función Pública, Virgilio Andrade, dijo sin pelos en la lengua que en cuestión de semanas se tendrán los resultados de la investigación para saber si hubo o no conflicto de intereses en la compra de la 'casa blanca'.

“Estará muy pronto, en unas cuantas semanas, y el día que esté se dará a conocer de manera plena a cualquier ciudadano”. Siempre es una tranquilidad que un hombre de carácter investigue asuntos delicados que podrían involucrar al presidente de la República. Virgilio, tómese su tiempo, no se presione, el estrés es un pésimo consejero. Más vale trote que dure y no paso que canse, ¿o cómo era? No se apure, Viryi. Calma y nos amanecemos. Es que de veras. En fon.

La máxima de Baltasar Gracián espetó en el ático de las frases célebres: “Es desgracia habitual de los ineptos la de engañarse al elegir profesión, al elegir amigos y al elegir casa”.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX

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