Opinión

El antiguamente politizado debate sobre
la austeridad

 
1
 

 

Paul Krugman.

En una publicación reciente en su blog, el economista Tony Yates pregunta: “¿Por qué no podemos llevarnos bien todos?”

Lamentando otra defensa de la austeridad realmente mala y obviamente política, declara que “es decepcionante que el debate se haya convertido en una cosa de izquierda-derecha. No veo por qué tenga que serlo” (lea su publicación en inglés aquí: bit.ly/1M8duAC).

Pero el debate sobre la economía del ciclo de negocios siempre ha sido una cosa de izquierda-derecha. Específicamente, la derecha siempre se ha mostrado profundamente hostil a la noción de que la política fiscal expansiva alguna vez pueda ser útil o que la austeridad pueda ser dañina. La mayoría de las veces, los conservadores también han sido antagonistas de la política monetaria expansiva. Entonces, la politización del debate macroeconómico no es una casualidad; tiene raíces profundas.

Y algunos hemos estado hablando de esas raíces en artículos y publicaciones de blogs desde hace años. Hemos señalado que después de la Segunda Guerra Mundial hubo un vergonzoso esfuerzo concertado entre los conservadores y los intereses comerciales por evitar la enseñanza de la economía keynesiana en las universidades, esfuerzo que tuvo éxito en acabar con el primer libro de texto verdaderamente keynesiano. Y God and Man at Yale (Dios y el hombre en Yale), publicado en 1951 por William F. Buckley Jr., fue una diatriba contra el ateísmo (o el fracaso para incluir el adoctrinamiento religioso, que para él era lo mismo) y el colectivismo (por lo cual principalmente se refería a la enseñanza de la macroeconomía keynesiana).

Entonces, ¿a qué viene toda esta oposición? Las mejores historias parecen involucrar móviles políticos ulteriores. La economía keynesiana, de ser cierta, significaría que los gobiernos no tienen que estar profundamente preocupados por la confianza de los negocios, y que no tienen que responder a las recesiones recortando los programas sociales. Por tanto, la economía keynesiana no debe ser cierta, y hay que oponérsele. O, tal como lo escribí en 2013, “una forma de ver el impulso por la austeridad es como cierto tipo de aplicación inversa del juramento hipocrático: ‘Primero, no hacer nada para mitigar el daño’. Porque la gente debe sufrir para que las reformas neoliberales puedan prosperar”.

Si piensa que estoy siendo demasiado insensato, que estoy teniendo una mentalidad muy conspirativa o ambas cosas, está bien, ¿pero cuál es su explicación? Porque la hostilidad de los conservadores hacia Keynes no es una moda intelectual del momento. Ha sido absolutamente coherente por generaciones, y claramente está profundamente arraigada.

A nadie le importa el déficit

Sentado aquí, en Gran Bretaña, donde todo mundo sigue creyendo que los déficit presupuestales son el tema central en la economía, pese a la abrumadora evidencia de lo contrario, es refrescante mirar hacia casa de vez en cuando y contemplar el absoluto colapso de la agenda de los críticos del déficit.

Una forma de verlo es dar seguimiento a la desaparición del radar del exsenador Alan Simpson. Otra es analizar las encuestas que piden a la gente que mencione temas importantes. Por ejemplo, CNN/ORC International ha estado haciendo preguntas constantes desde hace varios años.

A continuación, el porcentaje de votantes estadounidenses que menciona el déficit presupuestal como “el problema más importante que enfrenta el país actualmente”:

_Enero de 2013: 23 por ciento
_Mayo/junio de 2014: 15 por ciento
_Septiembre de 2014: 8.0 por ciento

En la encuesta más reciente de CBS/New York Times, que fue abierta, el déficit ni siquiera figuró en la lista.

¿Y sabe qué? El público tiene razón, y la Gente Muy Seria estuvo y está equivocada.

Twitter: @NYTimeskrugman

También te puede interesar:
Sentimientos antiausteridad, más allá de Grecia
Las mentiras llevaron a la invasión de Irak, no los errores
Alan Greenspan, alarmista