Opinión

El alto comisionado
y el mando único

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Zeid Ra'ad Al Hussein ofreció una conferencia después de reunirse con Enrique Peña Nieto. (Cuartoscuro)

1. El alto comisionado de la ONU, Zeid Ra’ad Al Hussein, estableció una verdad de perogrullo: “Si la policía no funciona adecuadamente, entonces el sistema de justicia en su conjunto corre el riesgo de ser disfuncional”. Y añadió: es necesario y deseable que el Ejército deje de cumplir tareas policíacas.

2. El problema es que, mientras no se avance en la reforma de las corporaciones policíacas, es imposible retirar las Fuerzas Armadas porque no hay con qué sustituirlas.

3. Felipe Calderón fue el primero en reconocer ese problema y plantear una solución: propuso, primero, la creación de una policía nacional y, luego, la desaparición de las policías municipales y la integración de 32 corporaciones estatales.

4. La propuesta no progresó. Fue rechazada, particularmente por los alcaldes priistas, y ninguna de las fuerzas políticas de oposición se sumó a ella.

5. La llegada del PRI a Los Pinos archivó la iniciativa en forma definitiva. No sólo porque los asuntos de seguridad y violencia pasaron a tercer plano, sino porque se dejó la iniciativa en manos de los gobernadores.

6. El presidente de la República, sin embargo, dio un giro radical después de Ayotzinapa. El tercer punto del decálogo, que presentó el 27 de noviembre de 2014, plantea elevar a rango constitucional la eliminación de los mil 800 cuerpos municipales para dar paso a 32 corporaciones estatales.

7. Pero la iniciativa está entrampada en el Congreso. La resistencia proviene, ahora, de los alcaldes panistas y de los partidos de oposición. De forma tal, que –como en el sexenio de Calderón– la propuesta casi se puede dar por muerta y enterrada.

8. Hay que agregar, en honor a la verdad, que el propio gobierno de la República no la ha defendido a capa y espada porque es una iniciativa costosa y, a final de cuentas, las cuestiones de seguridad siguen sin ser su prioridad.

9. Hay, sin embargo, datos que no se pueden obviar: las corporaciones municipales suman alrededor de 160 mil efectivos, de los cuales 70 por ciento sólo tiene educación básica, recibe sueldos bajos o paupérrimos, y están mal armados y entrenados.

10. Ante tal realidad, los números no fallan: es mucho más laborioso, complicado y difícil operar la renovación de mil 800 corporaciones que depurar y homogeneizar 32 cuerpos estatales. La primera es una tarea titánica, la segunda exige recursos y voluntad política.

11. Pero hay más: en la actualidad, según la secretaría de Gobernación, el 72 por ciento de los municipios tienen convenios de colaboración con los gobiernos estatales en materia de seguridad, es decir, funcionan bajo una forma ligth de mando único.

12. A eso hay que añadir realidades y tendencias irreversibles: la Zona Metropolitana de Guadalajara alberga cuatro millones 434 mil habitantes y está integrada por nueve municipios; la zona metropolitana de Monterrey cuenta con cuatro millones 106 mil habitantes y agrupa 12 municipios. Sin embargo, en ninguna de ellas hay mando único.

13. En contrapartida, en el Distrito Federal habitan ocho millones 851 mi habitantes, distribuidos en 16 delegaciones, que rigen su seguridad bajo el mando único, en sentido estricto: una sola Policía para todo el territorio.

14. La experiencia del Distrito Federal, comparada con el resto de las zonas conhurbadas, es el mejor argumento para defender y promover el mando único. La pregunta es muy simple: en qué beneficiaría a los habitantes de la ciudad de México que mañana la policía se desagregara en 16 corporaciones locales.

15. El panorama nacional es, pues, elocuente: aproximadamente 600 cabildos no cuentan con policías por falta de recursos; los municipios con mayores recursos están integrados en zonas conhurbadas, donde las funciones de seguridad deberían estar unificadas; en medio quedan el resto de los municipios con policías mal preparados y mal pagados. ¿Qué sentido tiene, entonces, defender la existencia de corporaciones municipales?

16. A manera de conclusión: el mando único no es la panacea, pero en las circunstancias actuales, después de Iguala y de los múltiples ejemplos de sometimiento de las corporaciones municipales al crimen organizado, es la opción menos mala y más viable para empezar a cambiar las cosas.

Twitter: @sanchezsusarrey

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