Opinión

El ajuste difícil

 
1
 

 

TLCAN. (Especial)

La necesidad de un ajuste en las finanzas y en la estrategia del comercio exterior es imperativa una vez que se observa el desempeño del cambio estructural a largo plazo, así como la difícil situación macroeconómica que vive México hoy. Desde antes, pero con toda evidencia a partir de la toma de posesión del presidente Trump.

En los últimos treinta años México ha seguido un camino de bajo crecimiento persistente, con las obligadas consecuencias sobre la generación y la calidad del empleo, los ingresos de la mayoría trabajadora y los del Estado directamente ligados al crecimiento del producto y la actividad económica en general. El IVA no puede desprenderse de la evolución de los salarios ni del consumo y el horadado impuesto a la renta algo tiene que ver con los ingresos de los grupos altos, medios y parte de las ganancias de las empresas. El fisco, aunque no lo quieran reconocer los hacendarios, depende de la actividad económica, a pesar de las exenciones y de que la productividad recaudatoria sea una de las más bajas de América Latina.

No debería ser motivo de escándalo ni de sorpresa hablar de tres decenios poco o nada prósperos, cuyos resultados económicos y sociales no sólo han sido desafortunados sino que van a agravarse en la medida en que el gobierno estadounidense ajuste el paso en consonancia con las desmesuras de su presidente. Lo que viene, en consecuencia, es un ajuste histórico que habrá de dirigirse a reordenar los objetivos que han gobernado nuestra economía política por más de tres decenios.

'Capotear' la situación, como aconsejan algunos, no lleva a ninguna parte ni ofrece paz o tranquilidad. Los resultados de las intemperantes decisiones y mandatos de Trump están sobre nosotros.

Sin duda, los dichos de dirigentes empresariales y grandes empresarios como Juan Pablo Castañón, Daniel Servitje, Manuel Herrera y Carlos Slim deben ser ponderados, aunque haya necesidad de sustentarles con mayor rigor. Por algo se empieza y el modo en que estos personajes lo hicieron no puede desdeñarse. Proponer la centralidad del mercado interno no es una ocurrencia ni un recurso meramente técnico, no sólo por la dificultad intrínseca que un viraje de esta naturaleza tiene, sino por lo que podría implicar para el cuadro ideológico, de creencias, costumbres y cultura que el cambio estructural globalizador de fin de siglo implantó, lo quisieran o no sus principales arquitectos.

El TLCAN, dice Jaime Serra, puede mejorarse sustancialmente y convertirse en parte de la solución y no en el problema. Puede ser así, sin duda, porque con todas sus debilidades y acotamientos, el Tratado no es la fuente primordial de nuestros males. Si puede renovarse para aumentar los beneficios para México qué bien, pero el problema está en la manera en que los gobernantes, en especial los responsables de la conducción económica y financiera, convirtieron las restricciones y límites del Tratado no sólo en política comercial o de inversiones foráneas, sino en política de Estado y costumbre de gobernar e imaginar el futuro del país.

De aquella 'célebre' frase: “la mejor política industrial es la que no hay” se pasó a una política de estabilización a ultranza, sin sensibilidad alguna respecto del ciclo económico ni de las necesidades de inversión pública, indispensables para aumentar nuestras capacidades de apropiación de las ganancias del comercio internacional y la inversión extranjera directa.

Mejorar sustancialmente el TLCAN como propone Jaime Serra tiene que pasar, hay que reiterarlo, por revisar nuestras visiones y entendimientos sobre el papel de la política económica, comercial y financiera para abrir paso a un nuevo curso de desarrollo. Serra Puche y sus camaradas de negociación del Tratado, ahora consejeros o asesores del gobierno para una posible revisión o renegociación del mismo, han dicho, según el Wall Street Journal, que el principal enemigo son los mexicanos y su ADN nacionalista. No es para tanto.

El Tratado pudo haber sido una hazaña pero no debe servir para echar por la borda una tradición que, por lo menos, nos ayudó a atravesar el muy duro momento de la reconstrucción del Estado y el país y, luego, de afirmación de la soberanía sobre nuestros recursos del subsuelo. Sin estos bienes, los malabares de la revolución neoliberal nos hubieran llevado sin más a una crisis catastrófica. Lo que por fortuna no ocurrió.

Gracias al petróleo, nacionalizado y en manos del gobierno. Una lectura atenta de la gesta cardenista, o de la gran biografía de Cuauhtémoc Cárdenas del presidente y general, no les haría ningún mal a estos cruzados del libre comercio. Y, tal vez, les aguzaría los reflejos para negociar de la mejor manera. El ajuste empieza por el coco... y la boca.

También te puede interesar:
Frente a Trump, un nuevo curso de desarrollo
La cita
Economía política basada en la evidencia