Opinión

El ahorro como fuente
de crecimiento

Las estadísticas internacionales muestran, de manera clara, que aquellos países en donde el ahorro y la inversión son más elevados, se consiguen tasas de crecimiento de las economías más altas. Así, en aquellas naciones que ahorran e invierten menos de 20 por ciento del PIB obtienen crecimientos cercanos a 2.0 por ciento o incluso negativos, mientras que en aquellas zonas donde el ahorro supera 30 por ciento del PIB, se tienen tasas de crecimiento económico superiores a 6.0 por ciento cada año, como sucede en China, en India y en Singapur. En México se ha estado invirtiendo cerca o ligeramente por arriba de 20 por ciento en promedio en los últimos años, lo cual explica el bajo dinamismo y la poca creación de empleos que predomina aquí.

Por lo tanto, si se desea que nuestra economía alcance niveles superiores de desarrollo con creación de nuevos empleos productivos, es necesario ahorrar e invertir en una proporción mayor. Sin embargo, obtener altas tasas de ahorro es necesario, pero no suficiente para alcanzar niveles de crecimiento superiores. Por ejemplo, si todos los habitantes del país decidieran ahorrar más y guardaran 30 por ciento de todos sus ingresos, pero lo hicieran en los colchones de sus casas, en cuestión de unos cuantos meses la economía nacional caería en una grave recesión, por falta de consumo y de ventas. Para que el ahorro produzca crecimiento se requiere que el mismo se canalice a la inversión.

Un desequilibrio normal en todas las economías es que mientras un sector es el que ahorra (son las familias quienes tienen ingresos, consumen y ahorran), es otro el que invierte, que son las empresas. Se requiere de un esquema que permita canalizar el ahorro que genera una parte de la economía a aquellos que lo pueden invertir de manera productiva. Este sistema es el financiero y principalmente es el bancario el que transfiere el ahorro de la economía al sector que lo invierte, mecanismo que se realiza por medio del crédito.

El ahorro financiero total en México es mayor de lo que se piensa, ya que equivale a 73 por ciento del PIB y es comparable con lo que realizan otros países con nivel de desarrollo cercano al nuestro. Sin embargo, el ahorro y el crédito bancario sólo son cercanos a 20 por ciento del PIB. La mayor parte del ahorro se canaliza al sector público por medio de la adquisición de valores públicos, el cual equivale casi a 40 por ciento del PIB. Por lo mismo, en la medida en que el déficit público sea mayor en los distintos países, las empresas disponen de una menor cantidad de recursos para invertir, lo que impide que se alcancen tasas de crecimiento más elevadas.

Para lograr alcanzar tasas superiores de crecimiento económico, los países deben de lograr tasas superiores de inversión y de ahorro. Esto se consigue con un Estado de derecho que se cumpla, el cual garantice y haga respetar los derechos de propiedad de los particulares, así como fomentar la competencia y mantener bajas tasas de inflación y de impuestos. Por su parte, los gobiernos deben canalizar una parte importante a la inversión, sobre todo a la de infraestructura. Por otro lado, se deben tener instituciones financieras que sean eficientes para canalizar el ahorro hacia la inversión.