Opinión

El aeropuerto, más que un proyecto

Cuando en abril de 2009 se dio a conocer el fallo del proyecto para la construcción de la nueva refinería, que habría de edificarse en Tula, Hidalgo, se manejó un estimado de inversión del orden de 9 mil 116 millones de dólares, apenas poco menos de mil millones por debajo de lo que se estima se invierta en el nuevo aeropuerto.

Pero, ese anuncio, ni de lejos tuvo la trascendencia que tuvo el que esta semana se hizo al presentar la nueva terminal área.

¿Por qué fue tan grande la diferencia de impacto cuando es relativamente menor la diferencia en los montos de inversión?

Por el emblema de lo que el aeropuerto representa.

Digamos que el proyecto cuyos detalles se dieron a conocer ayer es para la infraestructura del país, lo que la reforma energética era para la ideología.

Así como la reforma que permitirá la competencia en el sector energético fue un hito en el modelo económico, la construcción del aeropuerto lo es en la capacidad de decidir y ejecutar obras de gran escala.

Como con la reforma energética, cuyos frutos van a llegar de manera clara en la siguiente década, en el caso del nuevo aeropuerto, lo más probable es que termine la actual administración y ningún avión sea capaz de aterrizar o despegar de la nueva terminal. Eso ocurrirá quizás en el segundo año del próximo sexenio.

El proyecto de la refinería de Tula es un ejemplo de lo que puede pasar con un proyecto de esas magnitudes.

No sé si alguna empresa privada se interese en comprarle el proyecto a Pemex para desarrollarlo, pero aunque se ha tenido cuidado en no anunciar formalmente su cancelación, tenga la certeza de que la nueva empresa productiva del Estado no tendría ninguna justificación en su plan de negocios para continuar con el proyecto.

El proyecto del aeropuerto deberá enfrentar múltiples dificultades que van desde los problemas de ingeniería por el lugar en el que se va a construir hasta la oposición de grupos sociales y ambientales que buscarán impedirlo.

El gobierno sabe perfectamente que tratándose de un proyecto transexenal, necesita encaminar la cosas de tal manera que sea más adecuado continuar la obra, en el siguiente sexenio, que detenerla, independientemente de que la futura administración sea del mismo partido o no.

Obviamente, el aeropuerto deberá convertirse en un polo regional de desarrollo; en un hub de transporte nacional e internacional; en una palanca de desarrollo turístico; en un polo ambiental y algunas otras cosas más que ayer se explicaron con detalle.

Pero, para este gobierno también va a ser un signo.

El anuncio del nuevo aeropuerto se va a contrastar con diversos proyectos, que en los viejos gobiernos priistas, desde López Portillo, no alcanzaron siquiera a terminar de formularse.

O el que en tiempos de Fox se quedó en el intento, debido a los “macheteros” de Atenco.

Sí, el proyecto es símbolo de la nueva etapa de crecimiento, pero también se presentará como ejemplo de la nueva capacidad de operación administrativa, social y política.

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