Opinión

El acuerdo necesario

No podemos pensar que luego de la captura de los Abarca, la crisis derivada de los acontecimientos de Iguala vaya a resolverse.

Es un gran paso, que nos hace pensar en la posibilidad de que se evite la impunidad, pero nada más.

El presidente Peña y las dirigencias de PRI y PAN han planteado la necesidad de generar un gran acuerdo contra la impunidad y por el Estado de derecho.

De hecho, hay la idea de que tal acuerdo pudiera ser definido antes del viaje del presidente a China y Australia, el próximo domingo.

Sin embargo, ese intento parece haberse atorado en la negociación partidista.

Al margen de qué formato tuviera y en qué fecha específica se suscribiera, sería altamente deseable que las fuerzas políticas transmitieran a la sociedad, su determinación de ir con todo en contra de la corrupción, la impunidad y la violencia, independientemente de colores partidistas y de rentabilidades electorales.

México no es el primer país que ha sido desgarrado por el crimen ni el único donde las mafias han penetrado al sistema político.

Casos como el de Colombia o Italia son emblemáticos de naciones en las que en cierto momento la sociedad y las fuerzas políticas tomaron la decisión de poner un hasta aquí, que implicó procesar representantes de todos los poderes y en los diferentes niveles de gobierno.

Ya no es posible simplemente dejar que otros temas de la agenda pública se sobrepongan a éste y que poco a poco quede olvidado.

Eso no va a suceder.

No es exageración decir que de la forma en que se resuelva esta crisis se podría determinar el curso del país en los siguientes meses y años.

Si no se logra desterrar la imagen de que México es una nación en la que no se logra imponer el Estado de derecho, entonces las reformas estructurales tendrán un impacto limitado y la esperanza del crecimiento más acelerado y sostenido podría desbaratarse.

Para operar una salida a esta crisis se requiere que se despliegue aún mucha más energía y talento que el que se destinó a la construcción del Pacto y a la gestación de las reformas.

Y, además, que la construcción de acuerdos se haga aún más rápido.

Eso implica distinguir claramente entre los intereses nacionales y los de carácter partidista.

Si en este momento, cada partido o cada funcionario empieza a tratar de sacar rentabilidad política a la circunstancia o ver cómo puede capitalizar electoralmente la necesidad del acuerdo, entonces, éste se va a atorar.

Desde luego que la responsabilidad fundamental de operar para que se logre este conjunto de acuerdos y se pueda expresar en un hecho simbólico y emblemático corre a cargo del gobierno federal.

No hay otro liderazgo que tenga esa posibilidad, y el gobierno del presidente Peña sabe que se necesita.

Por eso debe moverse rápidamente para construir las alianzas necesarias y –como en el caso de los primeros días de la actual administración– de ser necesario ceder a demandas de las fuerzas políticas si éstas también lo hacen para identificar los puntos esenciales de coincidencia.

Los mexicanos nos merecemos esa oportunidad.

Twitter:@E_Q_