Opinión

Ejecución ineficiente y con bajo sustento

Las afortunadas reformas estructurales para la economía fueron eclipsadas rápidamente por los rezagos sociales, políticos, económicos y competitivos del país.

Un esquema general de desarrollo y bienestar comienza con un Estado de derecho indispensable para el progreso, continúa con una sólida educación que genera investigación y desarrollo, que se convierte en innovación y con ello se obtiene emprendimiento, que forja el crecimiento y desarrollo que conduce a la competitividad para terminar en el bienestar social y económico del país.

La realidad es que los pilares de ejecución son sumamente endebles. Tenemos un Estado de derecho débil e ineficiente, con falta de protección adecuada a los derechos de propiedad y al capital intelectual, agravados por una falta real de trasparencia y rendición de cuentas, donde prolifera y abunda la corrupción, la opacidad y la impunidad.

En el segundo eslabón, la educación constituye un lastre que impide avanzar. Tenemos problemas graves en cobertura, deserción y calidad educativa. Según la OCDE, 37 por ciento de los mayores de 18 años en México no cuentan con estudios de bachillerato, lo que coloca al país en la última posición de dicha organización.

En cuento a deserción, se espera el abandono escolar de entre seiscientos cincuenta mil y un millón de estudiantes este ciclo escolar.

Lo más alarmante es la calidad de la educación. Según el Índice de Capital Humano del Foro Económico Mundial, de 122 países analizados, ocupamos el lugar 58; sin embargo, en el pilar de educación contamos con el lugar 82. Profundizando, tenemos el lugar 102 en calidad de sistema educativo, 105 en calidad de escuelas primarias y 109 en calidad de educación en ciencias y matemáticas.

Llegando al eslabón de investigación y desarrollo que nos genera innovación, el Segundo Informe de Gobierno versa sobre el incremento en esta materia y refiere que hemos alcanzado 0.56 por ciento del PIB como gasto e inversión en ello y se espera un crecimiento real sustantivo para el próximo ejercicio.

Las naciones desarrolladas invierten en promedio 2.0 por ciento en investigación y desarrollo y su mayor ingreso per cápita les brinda recursos incrementales en esta materia. Los resultados no se hacen esperar; en 2012, México presentó mil 294 solicitudes de patente por parte de residentes en el país, mientras Corea presentó 148 mil 136, Estados Unidos de Norteamérica 268 mil 782, Japón 287 mil 013 y China 535 mil 313. Si lo medimos con el indicador de patentes por millón de habitantes, México presentó una, mientras que Taiwán presentó 287.

Sin profundizar en el resto de los eslabones, esto explica el rezago en la competitividad, ya que acorde al Reporte Global de Competitividad del Foro Económico Mundial 2014-2015, ocupamos el lugar 61 de 144 países analizados y dicha competitividad se encuentra estancada, ya que hace seis años, en el reporte 2008-2009, ocupábamos el lugar 60. Lo que es peor: si bien habíamos logrado avanzar hasta el lugar 53 en el reporte 2012-2013, lo hemos perdido en sólo dos años para ocupar el lugar 61 antes referido.

Todo lo anterior preocupa. De ahí que los demás índices de bienestar de la población se encuentran, en la realidad, muy lejanos a lo que debemos alcanzar y, si no actuamos con contundencia y efectividad, cada vez los veremos más distantes, con consecuencia no deseadas.

Con desilusión hemos observado una impericia en la ejecución y en las políticas públicas en materia social, económica y política, por eso el magro crecimiento de la economía y la severa inconformidad social que se manifiesta en una alta agresividad, con un hartazgo hacia la corrupción, la burocracia, la delincuencia, el crimen y la aplicación de ciertas reformas desafortunadas, destacando la fiscal.

Para contrarrestar el escenario actual, estimo que debemos agregar mayor ciudadanía, es decir mayor participación social de todos nosotros y de las organizaciones.

Un buen ejemplo es el IMEF que a través de su Fundación de Investigación se ha sumado desde hace 39 años a generar, promover y difundir la investigación financiera, en beneficio de las organizaciones del país, buscando siempre la innovación y su aplicación, por lo que recientemente en su Convención Nacional entregó su XXX Premio de Investigación Financiera IMEF-EY.

Temas relevantes sobre tasas de interés, mercados accionarios, tipos de cambio, inversiones en materias primas, actividad económica, crédito y arbitraje, fueron galardonados en esa ocasión.


Sergio F. Ruiz Olloqui Vargas, autor de esta columna, es presidente de la Fundación de Investigación del IMEF.

Correo: sruizolloqui@profitmx.com.mx