Opinión

Educar para trabajar
o educar por educar

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Estudiantes

Decir que México tiene un severo problema educativo es una obviedad con la cual todos estamos de acuerdo, pero hay mucho menos consenso si discutimos cuál debería ser el objetivo, y cómo lograrlo.
En una columna reciente (“Desempleo con Título”, Reforma, mayo 5), Sergio Sarmiento habla de la saturación en el mercado laboral que proviene de “masificar” la educación universitaria. Ese exceso de oferta de profesionistas provoca una mala remuneración y subempleo estructural (jóvenes con título universitario que prefieren manejar un Uber, como dice Sergio en su columna).

En mi opinión, la “masificación” es consecuencia, no causa. Creemos que un título universitario debe ser un fin en sí mismo, y lo consideramos la llave hacia un empleo bien remunerado. Muchos que no deberían estudiar una carrera, porque no tienen la inquietud intelectual para hacerlo, asisten a una universidad. Su desempeño será malo y errático, y sí, acabarán manejando un Uber para generar ingreso.

La falta de estructura meritocrática en la educación universitaria lleva a que muchos jóvenes estén ahí porque tienen pase automático o porque sus papás pueden pagar la colegiatura, pero no porque tengan capacidad o vocación de estudio. Como he dicho antes, una universidad será sólo tan buena como sus estudiantes; la calidad depende, en gran medida, de la capacidad para reclutar a los mejores candidatos. También ocurre que muchos no se dan cuenta de la ínfima calidad de las escuelas en las que estudian, hasta que se enfrentan al mercado laboral.

Apostaría a que hoy le es más fácil conseguir trabajo bien remunerado a un joven que sepa hacer un sitio de internet o mercadotecnia utilizando redes sociales, que a miles de egresados de carreras de comunicación o diseño que probablemente jamás tendrán un trabajo relacionado con sus estudios. Urgen escuelas vocacionales que desarrollen a jóvenes con las habilidades que el mercado demanda.

Por otra parte, creo importante desarrollar instituciones que eduquen por educar, ofreciendo alternativas similares a las de licenciaturas estadounidenses (liberal arts education), enfocadas a jóvenes con inquietudes intelectuales más desarrolladas.

Estados Unidos es el país con el sistema universitario más avanzado. En cualquier ranking de las mejores universidades del mundo, más de la mitad de los primeros 50 lugares lo ocupan universidades de ese país. Las más prestigiosas y selectivas ven a la educación a nivel licenciatura como una forma de que el estudiante desarrolle cultura y explore diferentes áreas que le atraen. Se busca que aprenda a escribir bien, a argumentar y debatir, a investigar, y en general a pensar. En ese nivel, el estudiante adquiere cero conocimiento “práctico”, cero entrenamiento vocacional.

Un estudiante en Yale, Harvard o Princeton elige entre un par de miles de materias, sin limitación alguna para cursarlas. Es posible tomar en el mismo semestre astronomía, biología, filosofía e historia, por ejemplo. Una vez que se cursó 32 materias (número usual), se obtiene la licenciatura. Pero, se asume que quienes tengan inquietudes vocacionales claras estudiarán un postgrado.

En Estados Unidos, para ser abogado, arquitecto o médico, se solicita entrada a las escuelas respectivas después de la licenciatura. No se elige carrera a los 18 años, como en México, sino a los 22, y después de haber tomado cursos a nivel licenciatura en los que el joven tuvo oportunidad de explorar con mayor profundidad áreas de su interés. Un sistema así permite que haya ingenieros o doctores con otros intereses. Tener a élites (intelectuales, no económicas) más pensantes debe repercutir en una sociedad más robusta. Detectar talento, independientemente de estrato social, es lo que genera competitividad internacional.

Sorprende que a pesar de que la educación básica estadounidense aparece a mitad de tabla en encuestas que miden el desempeño de sistemas educativos como la PISA de la OCDE, sigue siendo el país con mayor capacidad empresarial, el más innovador, el que genera más tecnología de punta, etcétera. Una parte importante de lo que lleva a los mejores estudiantes del país a altos niveles de desempeño en áreas científicas, tecnológicas o humanísticas, es precisamente la capacidad para aprender a pensar a partir de un sistema que no es para todos, pero que sí es de gran beneficio para aquellos jóvenes más motivados, y con mayor nivel de desempeño académico.

Evidentemente, un reto colosal proviene de incorporar a quienes tienen capacidad intelectual, pero no recursos económicos, a este tipo de educación. Tenemos que hacer un esfuerzo mucho mayor para detectar a jóvenes que tienen la inquietud, voluntad y talento para estudiar, y dotarlos con apoyo económico y logístico para que se sobrepongan a los enormes obstáculos que enfrentan. Es imperativo expandir agresivamente programas de becas a escuelas de alta calidad a todos los niveles. Sólo así podemos tener una mínima esperanza de lograr movilidad social en un país en el que la brecha entre ricos y pobres es obscena y creciente.

Twitter: @jorgesuarezv

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