Opinión

Eduardo Sojo, el aguafiestas

Imagine usted está escena. El paciente está en un hospital y llega corriendo el médico a decirle: “Le tengo buenas nuevas. Ya sabemos lo que usted tiene. Su problema es que está en fase recesiva”.

Seguramente el paciente miraría al doctor con cara de “what”. Y el médico le podría consolar diciendo que la gran ventaja es que no hay recesión que dure cien años (ni paciente que los aguante) y que seguramente el susodicho la superará a la vuelta del tiempo.

El paciente es la economía y el doctor es el INEGI, aún mejor, la cara del INEGI, el doctor Sojo.

Eduardo Sojo, presidente del INEGI, está que ni mandado hacer para ese puesto. Hombre recto, conocedor y libre de toda sospecha, se va a convertir en el gran juez de la economía mexicana. Ayer fue aguafiestas.

Uno de los indicadores usuales del Instituto, esos que están compuestos por otros datos y que a través de una fórmula nos dan la tendencia profunda de la economía, volvió a decirnos: señores preocúpense, porque estamos de nuevo en zona de recesión.

Si usted tiene una computadora e Internet es muy fácil. Vaya a la página del INEGI y a la derecha verá la gráfica de los ciclos económicos en la que verá que en abril, claramente estamos por debajo de la tendencia de largo plazo, como quien dice, en zona recesiva.

Los vendedores de coches abonaron también ayer en esta depresión, sobre todo anímica, en la que andan muchos hombres de negocios.

En abril las ventas de autos cayeron 8.0 por ciento. Sí, ya sé que este año la Semana Santa cayó en abril y el año pasado no. Por eso, veamos cuál fue la venta promedio por día hábil. En abril fue de 3 mil 793 coches y el año pasado fue de 3 mil 784. El crecimiento fue de 0.2 por ciento. Nada. Estamos estancados.

El adagio que dice que palo dado ni Dios lo quita, viene aquí como anillo al dedo.

Lo que fue en abril, ya no tiene remedio. No hay manera de que el pasado cambie.

El tema es: ¿para dónde vamos?

La mismas cifras de la industria del automóvil nos vienen a decir lo que muchas veces se ha contado. En contraste con una industria que al interior no va ni en primera, en exportaciones creció 9 por ciento y mantiene el pie en el acelerador.

De nueva cuenta parece que tendremos que ponerle cirios a Obama y a la señora Yellen, para que les salgan bien las cosas, porque Estados Unidos nos está manteniendo a flote.

Incluso, es muy probable que el muy presumible resultado de turismo, con un crecimiento de 15.3 por ciento en la llegada de turistas internacionales en los primeros dos meses del año, tenga mucho que ver con esa clase media norteamericana que empieza comprar coches y a salir de vacaciones a Cancún, Riviera Maya y otros destinos.

Estamos colgados de nuestros vecinos del norte. No me gusta nada, pero a la realidad le vale si me gusta o no. Así es.

Seguimos sin los motores domésticos que tengan la potencia necesaria para mover a la economía.

Si le sirve de consuelo… menos mal que por lo menos dependamos de una economía desarrollada que empieza a crecer y no de los europeos, que tendrán un estancamiento prolongado, o de los chinos, cuya economía va a frenar de manera irremediable.

Lástima, faltan años aún para que dependamos principalmente de nosotros.

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