Opinión

Economía y seguridad

Acaba mañana el tercer trimestre del año. A diferencia de lo que pasaba en estas fechas en 2013, ahora los indicadores económicos no son tan malos, y además van mejorando. Por ejemplo, la producción de autos crece por encima de 3.5 por ciento anual (AMIA) y las ventas en tiendas de autoservicio a 2.5 por ciento (ANTAD, tiendas iguales). Hace un año, este mismo indicador de ventas era una contracción de casi 1.5 por ciento. Y en producción de autos, desde enero de 2013 fabricábamos a un ritmo de 2.9 millones de unidades anuales, y es sólo en mayo pasado que rompimos la barrera de tres millones. Y cada mes se le suman poco más de 20 mil autos.

Los indicadores agregados más importantes sólo se han publicado para julio, y no fueron malos, pero en dos semanas tendremos más detalle de lo que ocurre con el resto de la industria, no sólo automotriz, y poco después del resto de los servicios, no nada más ventas al menudeo. En cualquier caso, parece notarse ya una actividad económica creciente, pero no de forma espectacular. Como ya es conocido, las reformas tendrán efectos en diferentes ritmos, pero creo que la reforma financiera ya ha empezado a notarse, en tanto que el crédito ha crecido durante este último año más que la economía.

Comparado con el inicio de la actual administración, la cartera vigente bancaria ha aumentado 1.3 puntos del PIB, que es un ritmo superior al 5.0 por ciento de alza anual. Y este crecimiento se distribuye de forma más o menos pareja entre los tres grandes rubros: empresarial que ha crecido 0.6 puntos del PIB, vivienda con 0.3 puntos y consumo con una cantidad similar. Esta información es relevante porque uno supondría que en un entorno de bajo crecimiento y alta incertidumbre el crédito caería, o en el mejor de los casos se mantendría estancado. Pero no, crece, y lo hace más rápido que la economía, y no poco.

Pero mientras el asunto económico se va recuperando, y las reformas empiezan a dar frutos, aunque sean pocos y todavía no muy rápido, lo que se descompone es el tema de seguridad. La masacre de Tlatlaya hace tres meses, la ocurrida en Iguala hace unos días, asesinatos de diversas personalidades políticas y, por si fuese poco, incremento de tensión en el IPN y en la UACM. Entiendo que esto último tiene que ver con lo político, tanto con reformas, como con elecciones y grilla interna, pero sumado a lo otro no es una buena cosa.

Suele ocurrir que en las encuestas de opinión los problemas que la población ve se alternan: cuando la economía va bien, los problemas se perciben en la seguridad, y viceversa. La economía mejora, veíamos, pero en el tema de seguridad no hemos recibido noticias igualmente buenas. Aunque cifras recientes indican una reducción en homicidios y posiblemente en secuestro y extorsión, el procedimiento para construir esta información (a partir de las procuradurías estatales) sigue siendo poco confiable. Tal vez los casos espectaculares que referíamos sólo sean hechos aislados, pero eso no puede saberse con certeza si ni siquiera se investigan, sino hasta que hay denuncias públicas.

Es importante que el mismo esfuerzo que las instituciones políticas invirtieron en las reformas estructurales pueda concentrarse ahora en el proceso social. Creo que nuestro problema no es el narcotráfico, y eso parece cada vez más evidente, sino el crimen organizado que busca sustituir al Estado, y que lo ha logrado en Michoacán y Tamaulipas, y muy posiblemente en más de la mitad de Guerrero y una parte no menor del Estado de México. Ése creo que es el problema de fondo.

Twitter: @macariomx