Opinión

Ebrard se salvó de la inhabilitación

Qué bueno que Marcelo Ebrard va a dar hoy su versión sobre el desastre de la Línea 12 del Metro. Pero debió ser inhabilitado.

Los platos rotos los van a pagar una treintena de exfuncionarios, aunque Ebrard es el responsable político de esa trampa mortal que nos vendió como Línea Dorada.

Más de 40 mil millones de pesos fue el costo de una obra inútil, en que se adquirieron trenes en España por adjudicación directa y no sirven para las vías construidas, que también están mal hechas.

La administración de Miguel Ángel Mancera se vio benevolente con Ebrard, pues no lo inhabilitó para ejercer puestos públicos en la capital.
Y en lugar de estar agradecido con la paciencia de Mancera, Ebrard se empeña en demeritar la labor del actual jefe de Gobierno.

Hace unos días dijo en radio que “el DF es un lugar donde gobierna el presidente”.

Se enoja Ebrard porque Mancera y Enrique Peña Nieto mantienen una relación de cooperación abierta, a diferencia de la practicada por él con el entonces presidente Felipe Calderón.

Ebrard se negaba a darle la mano en público a Calderón, pero a oscuras hacía pactos con ese gobierno y recibía dinero a raudales para construir la malhadada Línea 12 del Metro.

Mancera debió tapar el hoyo de 10 millones de dólares que el GDF recibió del gobierno de Azerbaiyán por construirle un busto al dictador Heydar Aliyeb, que se pretendió poner en Reforma.

Se formó una comisión para mediar entre la embajada de Azerbaiyán y la presión ciudadana que no aceptaba poner a un dictador en la principal avenida del Distrito Federal.

Azerbaiyán, con toda razón, sostenía que ellos habían pagado esos diez millones de dólares para que Aliyeb estuviera en Reforma. Ese fue el trato.

La administración de Mancera bien pudo –y seguramente debió– preguntarle por la vía judicial a los funcionarios de Ebrard dónde quedaron esos diez millones de dólares que entregó Azerbaiyán.

Y debió preguntarles también cuál fue el incentivo para pactar la puesta de un dictador en el Paseo de la Reforma.

Mancera les solucionó el problema y no los exhibió. Algo parecido ocurrió con los 489 millones de pesos entregados por la Federación al gobierno de Ebrard, que éste no pudo justificar en qué los gastó.

El gobierno de Mancera le evitó el bochorno político y personal a Ebrard de pedirle cuentas del dinero, y ha buscado una salida al problema sin llamar a cuentas al equipo de su antecesor.

Pero donde será difícil, si no imposible, que el gobierno de Mancera siga cuidando a su antecesor, es en el caso de la Línea 12 del Metro. Ahí la administración Ebrard rompió cualquier barrera.

Una obra que debió costar 14 mil millones de pesos, terminó costando 24 mil millones y no sirve.

Los trenes que adquirieron en 18 mil millones de pesos por adjudicación directa a la empresa española CAF, tampoco sirven.

Ahora la administración de Mancera va a tener que cambiar 312 mil piezas, 15 mil metros de rieles, 12 mil 500 durmientes y 26 agujas para cambios de vía y evitar así que el tren se descarrile y ocurra una tragedia en la Ciudad de México.

Hay que escuchar a Ebrard, y exigir que se haga responsable de sus actos.

Twitter: @PabloHiriart