Opinión

Dos mujeres, un distrito y dos desgracias

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Camarena. Dos mujeres, un distrito y dos desgracias.

Una tiene más años en 'la grilla' que la otra de estar en este mundo. Una viene de haber alcanzado altas posiciones partidistas, legislativas y de gobierno; la otra es un total enigma. Una seguramente será candidata; la otra, salvo un milagro, no lo será. Ambas pretenden el asiento que corresponde al Distrito XIII de la Asamblea Legislativa. Son dos caras de nuestra política, de esa que se niega a renovarse.

Salvo porque ambas son bajitas de estatura, Amalia García y Damiana Villarello no podrían ser más distintas. La primera es de hablar pausado, la segunda se expresa en ráfagas. La perredista ha hecho de todo dentro de la izquierda (incluso protagonizar elecciones que de tan irregulares son un antiejemplo); la segunda, con sus 25 años de edad, es una ciudadana en su debut formal en la vida pública.

Hasta el día de hoy ambas pueden ser vistas como precandidatas, pero Damiana está a punto de sucumbir. No logrará sortear los absurdos obstáculos (trámites) que los partidos pusieron en la ley electoral para los candidatos independientes: le piden que en cosa de semanas consiga tres mil 947 firmas ciudadanas. Con jornadas de sol a sol, hasta el 20 de enero no había recolectado ni 100 firmas (copia de credencial del INE incluida). “Lograr diez en un día es un gran número”, me dijo la semana pasada sin perder el ánimo.

En cambio, me topo en calles del Distrito XIII con pendones con la cara de Amalia, con ese rostro sereno que ya estaba ahí cuando yo no era adulto, cuando Damiana ni había nacido. La foto lo dice todo: ahí viene de nuevo Amalia, es muy probable que llegue, pero la duda es como para qué quiere el voto ciudadano.

Cuesta trabajo entender por qué alguien que ya fue gobernadora quiere ahora ser diputada de una Asamblea tan lamentable como la capitalina. Y cuesta trabajo entender que el PRD le vuelva a ofrecer un puesto a quien como mandataria estatal dejó cuentas de escándalo. Por si los capitalinos –sus eventuales votantes– no recuerdan ese pasaje de la biografía de Amalia, aquí un botón de muestra. Así arranca una nota de Reforma del 10 de septiembre de 2010 (el resaltado es mío): “En los seis años de gestión, la gobernadora perredista Amalia García multiplicó por 46 la deuda pública de Zacatecas. Al cierre de su administración, el endeudamiento estatal se encuentra en 5 mil 139 millones de pesos, luego de que en 2004 -cuando Amalia García asumió la gubernatura- el estado debía 110 millones de pesos, la última cifra de acuerdo con la página de la Secretaría de Finanzas del estado”.

Tras lo anterior Amalia tuvo que ampararse en contra de auditorías que le demandaban explicaciones sobre por qué había contratado empréstitos de la manera en que lo había hecho. Ella –adivinaron– dijo que todo era una maquinación, casi casi un compló de su sucesor. Su paso en la gubernatura de Zacatecas fue tal que sus paisanos simplemente regresaron al poder al PRI.

Ahora, Amalia pedirá el voto en una zona que ni siquiera es la suya. No sólo porque es zacatecana, sino porque en la capital se le identifica como habitante de siempre de la Del Valle.

Amalia va en caballo de hacienda (el PRD picha con nuestros impuestos). Damiana no obtendrá ni la candidatura a pesar de moverse de aquí para allá pidiendo firmas. No sé si la segunda sería mejor diputada que la primera, pero en este momento de nuestra política, más valdría nuevo por conocer, que viejos conocidos.

Twitter: @SalCamarena

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