Opinión

Dos décadas: paralelos y diferencias

El semanario The Economist se sumó a los que plantean paralelos entre lo ocurrido hace 20 años en México y lo que pasa ahora.

En el artículo titulado “Pass the tequila”, publicado en la edición que circula esta semana, dice que dos de los factores que se hicieron presentes en los últimos días de 1994: la política monetaria norteamericana más restrictiva y la inestabilidad política doméstica, están presentes de nuevo ahora.

Aunque periodísticamente es atractivo encontrar similitudes entre los hechos de hace dos décadas y el actual momento, creo que las cosas son muy diferentes.

La depreciación del peso en diciembre de 1994 y la crisis que le siguió derivaron de una tremenda crisis de confianza de los inversionistas, detonada por la insurrección zapatista en Chiapas y los asesinatos políticos de Luis Donaldo Colosio y José Francisco Ruiz Massieu.

Con todo y la gravedad de los acontecimientos actuales, estamos lejos de ese momento. Sin duda hoy existe más violencia asociada a la delincuencia organizada, pero no hay un ejército insurrecto tratando explícita y públicamente de derrocar al gobierno, por citar una gran diferencia.

El contraste se ve en lo que pasó con las reservas internacionales. En 1994 cayeron 18 mil 839 millones de dólares y virtualmente se habían acabado para diciembre. El desastroso manejo de la devaluación del 20 de diciembre de aquel año, amplificó los problemas al punto que en los tres meses que siguieron a esa fecha fatídica, el dólar se encareció en 104.6 por ciento.

Pero lo peor es que las tasas de interés se dispararon. Sólo como ejemplo, los Cetes a 28 días pasaron de 13.75 por ciento en la última subasta previa a la devaluación, a 82.38 por ciento en la realizada tres meses después.

Esto generó un impago generalizado y una quiebra masiva del sistema bancario.

Cuando se ven esas dimensiones, es que percibimos claramente que el incremento del precio del dólar, de 12.97 pesos al término del primer semestre a 14.66 al mayoreo en la sesión del jueves, es decir, un alza de 13.0 por ciento, está lejos de parecerse al de 1994-95.

Pero lo más importante es que en ese mismo lapso las tasas de interés que sirven de referencia para los créditos (por ejemplo la TIIE a 28 días) siguen en 3.3 por ciento, sin haber cambiado. Y los capitales siguen llegando.

Con frecuencia tendemos a magnificar los hechos presentes. Así como los objetos que tenemos cerca tienden a verse más grandes que los que están lejos, los problemas que encaramos hoy día también lo parecen.

No minimizo la crisis política y social que vivimos, ni tampoco me parece poca cosa la caída en los precios del crudo o la depreciación del peso, pero está lejos del derrumbe de 1994-95.

Hoy, con una sociedad más abierta y democrática, con una economía mucho más diversificada y con las mayores reservas internacionales de la historia, cuyo último reporte las ubica en 192 mil 298 millones de dólares, hay condiciones para considerar objetivamente (no como buen deseo navideño) que la crisis que atravesamos la resolveremos con muchos menores costos que la que tuvimos hace dos décadas.

Aunque a veces no parezca que vaya a ser así.

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