Opinión

Dos caras de Trump

 
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Donald Trump

Hay que prepararnos en México para lidiar con dos facetas que tendrá la presidencia de Trump. Por un lado, con el proteccionismo comercial, que tiene que ver con que la economía de Estados Unidos y la global no levantan.

Lo peor está por el lado de las motivaciones propias de su enferma personalidad narcisista y tiránica, que habría sufrido frustraciones (y, por lo tanto, ofensas imperdonables) en México.

En economía, Trump avanzará en las líneas que trazó durante su campaña (si no se tratara de la primera potencia mundial, serían insostenibles); en lo interno, estimulará las inversiones empresariales con reducciones fiscales (de 39.5 a 15 por ciento), desregulaciones y un ambicioso programa de infraestructura; en el frente externo emprenderá negociaciones bilaterales de los intercambios comerciales, con la amenaza de aplicar tarifas y cuotas.

A México se la tiene sentenciada: por integradas que estén las cadenas de valor de lo que aquí se produce para exportación a Estados Unidos, Trump ha hecho una cruzada personal de la reducción del déficit de algo más de 50 mil millones de dólares que tiene Estados Unidos (EU) con nuestro país.

No hay que suponer que cuando Trump asuma el cargo, las instituciones le pondrán un 'freno democrático' a sus arbitrariedades contra México.

Los demócratas y los republicanos están de acuerdo en que EU tiene que reducir su déficit comercial de casi 800 mil millones de dólares con media docena de países.

Ambos partidos también coinciden en que la inmigración es un problema que debe detenerse.

Trump tendrá el apoyo que necesita del Congreso para implantar medidas proteccionistas y antimigratorias.

Trump no se moderará, no respeta reglas con tal de imponer su intransigente voluntad. Es inútil el empeño de Enrique Peña Nieto y Luis Videgaray en tener otro encuentro privado con Trump antes del 20 de enero, viajando el presidente a Washington para convencerlo de las razones mexicanas.

Como ningún otro personaje, Trump ha ofendido a los mexicanos y al país sin ninguna consecuencia negativa. Por el contrario, ofendernos le reditúa. Insistirá, por eso, en que México pague por el muro que mandará construir en territorio estadounidense para cerrarle el paso a migrantes mexicanos.

Nuestra indignación por esas ofensas es legítima, como lo es sostenerla en su reiteración que seguramente vendrá a futuro con la construcción del muro y con la violación masiva de derechos humanos a compatriotas viviendo en EU.

Sé que, para muchos, a Trump hay que evitar confrontarlo para no hacerlo enojar, que es lo que pretende el gobierno de Peña Nieto, porque una personalidad como la suya no se detiene hasta doblegar a quienes se le oponen.

Pero es impensable no ponerle límites a su poder contra México. Para hacerlo, lo primero es que nuestro gobierno deje en claro lo que se puede negociar y lo que no se negocia, y de inmediato, defender esa posición en el plano bilateral con EU y al mismo tiempo, en el multilateral.

La propuesta es de Porfirio Muñoz Ledo: acudir al plano multilateral e inclusive a alianzas con organismos públicos y privados, y con naciones que sean afectadas por la política comercial, migratoria y diplomática que pretenda imponer el nuevo gobierno de Washington.

Algo en ese sentido habrá hecho la cancillería, porque Luis Almagro Lemes, secretario general de la OEA, aseguró que ese organismo defenderá los derechos de los migrantes que sean deportados de Estados Unidos a México durante la administración de Donald Trump (EL FINANCIERO 07/12/16).

En época de Carlos Salinas los altos funcionarios decían que sin EU México no podía tener parte en la globalización; hoy vale decir que, encasillado con EU, se puede perder lo ganado.

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