Opinión

¿Dónde estás, Olivia Pope?

Está claro que ni Toluca ni Pachuca son México. Gobernar en esos estados no es gobernar el país. Los problemas son más complejos, los actores políticos tienen un mayor peso y dimensión, y están más entreverados. Son experimentados, entienden al mundo como un factor exógeno de presión y son, en lenguaje simple y llano, más mañosos.

Por eso, cuando se actúa con ingenuidad, el impacto de los errores es exponencial. Como en Iguala, donde la barbarie institucional mostró que la gobernanza en la administración del presidente Enrique Peña Nieto alcanzó su Principio de Peter. ¿Es posible revertirlo? Sí, pero necesitan a Olivia Pope.

La señorita Pope es una consultora en Washington que fue la operadora política, de imagen y medios del presidente Fitzgerald Grant, durante su campaña y en el arranque como jefe de la Casa Blanca. Pope ya no lo asesora, pero cuando hay una crisis, ahí está ella. El único problema es que Pope es un personaje de la exitosa serie de la cadena ABC, Scandal (Escándalo), donde en cada capítulo vence a todos los molinos de viento.

Olivia Pope fue creada por Shonda Rhimes, quien se inspiró en Judy Smith, que dirige una empresa de comunicación estratégica y crisis. The Washington Post narró en diciembre cómo se convirtió en la mejor mediadora de conflictos de Estados Unidos al ayudar a Clarence Thomas a ser electo ministro de la Suprema Corte de Justicia pese a las acusaciones de acoso sexual en su contra, a Monica Lewinsky a salir con honor cuando la Casa Blanca buscó su cabeza para salvar la presidencia de Bill Clinton, y al quarterback Michael Vick a regresar al futbol profesional tras 23 meses en la cárcel por acusaciones de narcotráfico y peleas de perros clandestinas, sin aparecer jamás frente al ojo público.

Crisis como la de Scandal es la que enfrenta el presidente Peña Nieto, luego de que la violencia y la impunidad en Iguala contaminaron a Guerrero y al país, y provocaron pérdida de prestigio, legitimidad y de inversiones potenciales en México. No lo vieron él ni los mexiquenses en su equipo, o el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, exgobernador de Hidalgo, encargado de la gobernabilidad y la seguridad pública, los dos elementos que hicieron implosión en Iguala.

El gobierno peñista está en una profunda crisis por estar ciego a lo que se le venía encima. Cuando en este espacio se publicó el 13 de octubre que lo que se vivía en Iguala requería de un manejo más claro y juicioso porque no se circunscribía al ámbito municipal o estatal, el sentir dentro de Los Pinos era que el problema estaba acotado a Guerrero, y ni siquiera requería que Ángel Heladio Aguirre dejara la gubernatura. Se hundieron en su ensimismamiento y en la gestión del modelo, descrito en este espacio el lunes. Al presidente le urge encontrar su Olivia Pope, al enfrentar una crisis en múltiples escenarios. Tres de ellos, igualmente importantes y estratégicos, son los siguientes:

1. El diplomático. Necesita despachar a embajadores a hablar con gobiernos y organizaciones defensoras de derechos humanos en el mundo para explicarles detalladamente lo que están haciendo en Iguala y lo que han hecho para construir un país de leyes. Tiene que aminorar las críticas de los gobiernos del mundo para atemperar el flagelo que sufre en la prensa internacional. Al mismo tiempo, darle competencia a la Comisión contra Desapariciones Forzadas de la ONU le ganaría legitimidad internacional en las investigaciones federales.

2. El económico. Tiene que enviar a funcionarios de Hacienda a las grandes metrópolis financieras del mundo para reiterar que México sí es un país de leyes y que sus inversiones tendrán todas las garantías jurídicas necesarias. En el mundo, los inversionistas deben estar considerando que si no hay Estado de derecho, no habrá quien los defienda cuando les invadan, por ejemplo, los terrenos que se les asignará para explorar y producir crudo y gas shale. ¿Quién les garantiza que su trabajo no será interrumpido por la violencia ante un Estado que ante cualquier alboroto se cruza de manos esperando a que se cansen quienes se manifiestan en forma violenta?

3. El político. Debe modificar la forma como trabaja la Secretaría de Gobernación. Sus estrategias fracasaron y su lógica de negociación demostró estar equivocada. Si esto significa o requiere un cambio de hombres, este es el momento. En juego no están sus amigos ni sus compadres, sino su gobierno y todas las reformas que tan exitosamente alcanzó. En este mismo contexto, el presidente tiene que invertir más capital político en Guerrero, corriendo los riesgos que sean necesarios, porque es quien todavía tiene credibilidad. Sus mediadores en el gobierno no; están rebasados y cuestionados. Es decir, su presencia en el estado y su diálogo con los grupos afectados, tiene que ser constante.

Pero para llevar todo esto a cabo y que funcione, no basta enumerar los escenarios. Sí requiere a una Olivia Pope porque su diseño centralizado de comunicación política gubernamental, con sus mensajes y manejo de redes sociales, sufren de paraplejia. Necesita oxígeno en la opinión pública para que pueda realizar los cambios de fondo que requiere para enderezar su gobierno y salvar el sexenio, porque hasta ahora, por si tampoco se han dado cuenta, avanzan rumbo al fracaso.

Twitter: @rivapa