Opinión

Diversificando la
política exterior / II

Mauricio de María

Desde el comienzo de su vida independiente, México miró de manera especial a los Estados Unidos de América como vecino amenazante y potencia emergente. Si bien la relación con España era crucial por razones obvias y el continente europeo ejercía una influencia muy grande en las elites gobernantes, las nacientes clases medias económicas y modernizantes mexicanas siempre dieron un peso especial a la tierra de Washington; la primera en liberarse del yugo europeo.

Han pasado ya dos siglos de independencia; perdimos la mitad de nuestro territorio con los EU; tuvimos toda clase de conflictos territoriales y económicos, con ellos; razones suficientes para dar mayor importancia al resto del mundo y, sin embargo, el peso de nuestro vecino del norte en nuestra vida diaria no disminuye; a veces da la impresión de ser “la determinante fundamental” de nuestra evolución económica y nuestra seguridad y en la apuesta básica de nuestra política exterior. ¿Es algo ineludible? ¿O simplemente optamos ya, en un realismo inmovilista por contentarnos con ser el cabus del tren de los EU?

Las propuestas de algunos mexicanos y documentos oficiales apuntan en esa dirección. A veces, inclusive, después de sesudas reflexiones sobre la decadencia europea y el estancamiento de los EU frente al Asia, las propuestas dan verdaderos saltos mortales para justificar que más nos vale pegarnos bien a la estela norteamericana. Los EU, por su parte, no pierden oportunidad para ofrecernos su apoyo desinteresado para la superación de todos nuestros retos de crecimiento, narcotráfico y seguridad, como lo atestiguan estos tiempos recientes de crisis
nacional.

El libro La política exterior de México. Metas y obstáculos parte de una visión distinta. Reafirma la importancia de la historia y la geografía en nuestras obligadas relaciones con los EU y propone renovar esos lazos, pero plantea dos cuestiones importantes:

1) la necesidad de diversificar realistamente esas relaciones, más por el lado de la acción afirmativa en otras direcciones y de nuevas modalidades de respeto y convicción nacionalista de nuestra relación con nuestro vecino, que por desplazamiento y

2) la importancia de renovar y liderar una nueva relación con América Latina, que es clave en nuestra identidad cultural y debe serlo en nuestro futuro interés político y económico.

Luz María de la Mora nos recuerda el impresionante crecimiento y transformación asiática y en lo particular de China en las últimas tres décadas, a partir de un modelo de afirmación nacionalista en la globalización, de recursos humanos cada vez más calificados y de sus propias innovaciones, patentes y marcas. Un continente que ha abaratado los precios de las manufacturas que consume el mundo vía la productividad, pero que ha incorporado a varios cientos de millones de habitantes al mercado; que cada vez produce artículos de mayor complejidad y calidad. Asia, América Latina y África crecieron a tasas elevadas en los últimos 15 años gracias a la demanda de China y otros países emergentes. México se quedó rezagado. No supo aprovechar las nuevas señales en el firmamento económico. Insistió en su modelo exportador de petróleo crudo a los EU y en su industrialización maquiladora, con bajo valor agregado,

El cambio estructural tiene límites dados los recursos naturales disponibles y la interdependencia planetaria. Pero en 5 años China pasará a ser la principal economía mundial, elevará su PIB y consumo per cápita; y su demanda de materias primas y productos suntuarios, seguirá creciendo. Algo parecido, en menor escala, sucederá con la India y otros países asiáticos. La pregunta es si habrá recursos suficientes en este planeta para satisfacer esa creciente demanda. Hoy China representa ya un mercado de productos suntuarios igual o superior al de Europa o al de los EU.

México ya tiene en China a su segundo proveedor de bienes, pero solo le exporta un dólar por cada 12 que nos envía. ¿Qué hacer con China? pregunta José Luis León. México debe sacudirse las telarañas que nos atan mentalmente a los EU y emprender una estrategia deliberada con múltiples líneas de acción: impulsar la producción mexicana para exportar a China y los mercados asiáticos con apoyos concretos a empresas nacionales; realizar proyectos de infraestructura de gran escala, siguiendo su propio ejemplo, o sea, asegurando la participación y el aprendizaje de obreros , técnicos y profesionales mexicanos; promover, con apoyo en una moderna política migratoria, el turismo, y la cooperación científica , técnica y empresarial; impulsar las culturas china y mexicana y nuestras lenguas. La cancillería y nuestra embajada ya actúan en esa dirección

Más negocios y mejor cooperación con los EU sí; pero el esfuerzo mayor lo exigen ahora Asia y otros continentes.

En economía, como en política, no hay última llamada, pero siempre hay el riesgo de dejar pasar momentos de oportunidad como el actual.