Opinión

Distribución

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Hombre campesino vendiendo fruta en un cruce de la Ciudad de México (Cuartoscuro)

Como usted sabe, México es un país muy desigual. Nada extraño, puesto que estamos en el continente más desigual del mundo, América Latina. Argentina, Uruguay, Perú y Ecuador tienen una distribución menos mala; Costa Rica, Chile, Brasil y Colombia, peor que la nuestra. El problema ocurre después de las independencias, especialmente desde fines del siglo XIX y hasta la mitad del siglo XX, según lo ha mostrado Leandro Prados de la Escosura.

Creo que la explicación es histórica: el tremendo jalón del capitalismo, en esos años, nos toma con países que se habían separado de España para mantener privilegios y estructuras previas (coloniales, medievales, o como guste llamarlas). Cuando Europa y sus brotes externos crecen aceleradamente, jalan a los otros continentes de forma desigual. En África, crean colonias extractivas, que no dejan nada más que desastre; en Asia, se asocian (a la fuerza) con gobiernos locales, y algo dejan; en América Latina, simplemente le compran a las élites locales lo que necesitan, y éstas se vuelven absurdamente ricas, mientras la mayoría de la población no logra salir de la forma en que había vivido en los siglos anteriores.

Por eso creo que la desigualdad económica en México no es la causa de la desigualdad social, sino al revés: son las estructuras sociales las que preservan las diferencias económicas. Y para que tenga usted una idea de cuál es la magnitud de esas diferencias, permítame usar los datos de los cotizantes al IMSS. Ayer le decía que una proporción muy pequeña gana entre uno y dos salarios mínimos (SM), pero a partir de ahí tenemos otra distribución. Entre dos y tres SM hay seis de los 17 millones de cotizantes, el 35 por ciento. Entre tres y cuatro SM poco más de tres millones, casi 20 por ciento del total. Y entre cuatro y cinco SM, dos millones más, 11 por ciento. Es decir que 68 por ciento de los mexicanos que trabajan en la economía formal ganan menos de cinco salarios mínimos, que son diez mil 500 pesos mensuales.

Visto al revés, si usted gana más de diez mil pesos, está en el 30 por ciento con mayor ingreso. Si su ingreso supera 12 mil 500 pesos, entonces ya está en el 20 por ciento superior, y con más de 21 mil pesos, en el 10 por ciento. Los afortunados que superan 31 mil pesos mensuales viven en el 5.0 por ciento de más ingresos, y sólo 2.0 por ciento de los mexicanos tiene un empleo con salario superior a 50 mil pesos al mes.

Y eso es la economía formal que, como ayer le decía, tiene ingresos notoriamente superiores al resto. Entre informales (de las dos categorías que se miden), sólo 20 por ciento supera tres salarios mínimos al mes, es decir, seis mil 300 pesos. Y ellos no tienen aguinaldo, ni prestaciones de salud y seguridad social, por definición. Entre los campesinos de autoconsumo, que son seis millones de mexicanos, menos de 8.0 por ciento obtiene ingresos por encima de los seis mil pesos al mes.

La distribución de personas en estas diferentes modalidades cambia mucho entre entidades federativas. El centro norte del país, por ejemplo, tiene entre 66 y 75 por ciento de su población activa en la formalidad o en la semiformalidad. En el Pacífico sur Chiapas llega a 30 ciento, y Oaxaca y Guerrero no llegan a 25 por ciento.

Pero insisto, este fenómeno económico no es causa, sino síntoma de otras cosas, especialmente de la preservación de estructuras sociales injustas mediante estructuras políticas autoritarias. Muchas veces, mantenidas por los mismos que dicen que salvarán a los pobres. Porque gracias a esas estructuras, estos salvadores obtuvieron privilegios que no quieren perder. Sí, entre otros me refiero a la CNTE.

Twitter: @macariomx

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