Opinión

Discursos y cómo rescatar la presidencia

El 27 de enero de 1998, día en que el presidente William Clinton dio su State of the Union Address o discurso del estado de la nación, yo trabajaba en la Casa Blanca. Había mucha expectativa de lo que diría el presidente, ya que unos meses antes había estallado en las portadas de los periódicos del mundo la acusación de que Bill Clinton había tenido una relación sexual con la becaria Monica Lewinsky. En ese momento el escándalo estaba fresco y la mayoría que trabajábamos en la burbuja de la Casa Blanca jurábamos que era una conspiración de la extrema derecha republicana por desacreditar lo que había sido hasta ese momento una presidencia exitosa, debido al extraordinario crecimiento de la economía y la caída estrepitosa del déficit. Además, para los que trabajábamos en la Casa Blanca, inocentemente pensábamos que era inconcebible que Bill Clinton pudiera tener una relación con una becaria o cualquier persona, ya que el presidente de Estados Unidos siempre estaba rodeado del servicio secreto, aun dentro del recinto presidencial. Y aunque lo peor de la crisis estaba por explotar –gracias a un vestido azul y amenazas de un juicio político por mentir a las autoridades–, la Casa Blanca y el presidente Clinton sabían que tenía que dar un discurso histórico ante la crisis política y personal que enfrentaba la presidencia.

Y, sí, Bill Clinton dio un extraordinario discurso esa noche. No hizo referencia al escándalo personal que enfrentaba, pero sí envió un mensaje contundente al pueblo estadounidense, a los demócratas y sobre todo a sus enemigos políticos en el Partido Republicano, de que continuaba ejerciendo control total sobre su presidencia y que no lo distraerían de su visión de Estado. Vimos el discurso en múltiples pantallas que instalaron para los asesores en la Casa Blanca y al concluir en el Capitolio, regresó Clinton a la Oficina Oval, y los que tuvimos la oportunidad de verlo a él y sus asesores cercanos, se notaba su emoción y satisfacción. Ese discurso no fue lo que salvó la presidencia de Clinton, pero fue un momento clave donde él envió un mensaje de que pelearía por su legado político.

Otro presidente que ha vivido una crisis constante por varios años, Barack Obama, durante su discurso sobre el estado de la nación buscó salvar su legado histórico ante probablemente uno de los auditorios más agresivos que podría enfrentar ya que ahora los republicanos controlan ambas cámaras. En un ambiente de cuestionamiento y vigoroso rechazo por los republicanos a la mayoría de sus grandes proyectos, incluyendo su política migratoria, seguro de salud universal, política exterior y de seguridad nacional. Pero por más que se cuestionen las políticas y reformas del presidente Barack Obama, lo que él y su equipo de asesores entendieron -al igual que William Clinton en su momento- desde que asumieron la presidencia es que la prioridad tenía que ser la recuperación económica de Estados Unidos. Y aunque mucho más lento de lo anticipado, los números señalan que la recuperación del crecimiento y de los empleos es una realidad.

De hecho las encuestas antes del discurso presidencial son un ejemplo de la importancia que tiene la economía en la percepción de la capacidad del gobernante. La encuesta de The Washington Post apunta que el presidente Obama subió nueve puntos en el último mes, ahora presumiendo un 50 por ciento de aprobación gracias en gran parte a la aparente recuperación económica en Estados Unidos. Esto es, un gran contraste con los resultados de las elecciones en noviembre de 2014, que fueron un referéndum de la presidencia de Barack Obama, cuando los republicanos recuperaron el control de ambas cámaras.

El presidente Barack Obama presumió el 5.6 por ciento de desempleo, el más bajo que se tenía en ese país desde los noventa, cuando William Clinton era presidente. En los últimos dos años de su presidencia, Barack Obama quiere asegurar su legado con políticas públicas que tengan gran impacto en la población, incluyendo la legalización de millones de personas que viven en Estados Unidos sin documentos, de combate a la desigualdad mediante apoyos especiales para la clase media, y de incremento de impuestos a los que más tienen.

Cuando uno analiza la pobreza de los discursos de los gobernantes mexicanos, es importante subrayar que las palabras –sus discursos– deberían de importar. Es una lección para todo gobernante entender que un extraordinario discurso y una estrategia que se comparte con claridad y convicción, pueden marcar el futuro de un líder en crisis.

Twitter: @Amsalazar