Opinión

Discursos que hacen historia

 
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Papa Francisco en Ecatepec. (Cuartoscuro)

Aun antes de concluir su visita a México, el Papa Francisco deja importantes lecciones en liderazgo que deberían de ser analizadas por la clase política. Más allá de que uno practique el catolicismo o no, Jorge Mario Bergoglio tiene un estilo de liderazgo que urge en México: líderes con visión, credibilidad y gran capacidad de comunicar con una diversidad de auditorios y seguidores.

Estas capacidades del Papa Francisco se ven reflejadas en la complejidad de los discursos, llenos de metáforas, historias, imágenes, coloquialismos, dichos, y diferentes tonos para enfatizar su mensaje. En algunas partes de su discurso hablaba como un místico, en otras conversaba como un campesino, también pudimos escuchar al erudito, en otro momento hablaba como un psicólogo, también hacía recomendaciones como un padre, o un amigo. Este camaleón en sotana permite comunicarse ante grandes auditorios, con diferentes culturas, diferentes niveles económicos, diferentes profesiones, y sobre todo, cargando diferentes pecados.

Oraciones y frases como las siguientes son las que resaltan las capacidades de este Papa para comunicarse en el siglo XXI. “No le tengan miedo a la transparencia”. “La Iglesia no necesita de la oscuridad para trabajar”. “Vigilen para que sus miradas no se cubran de las penumbras de la niebla de la mundanidad”. “No se dejen corromper por el materialismo trivial ni por las ilusiones seductoras de los acuerdos debajo de la mesa”. “No pongan su confianza en los ‘carros y caballos’ de los faraones actuales, porque nuestra fuerza es la ‘columna de fuego’ que rompe dividiendo en dos las marejadas del mar, sin hacer grande rumor”. “Si tienen que pelearse, peléense, si tienen que decirse cosas, díganselas, pero como hombres, en la cara”.

Haciendo un llamado a que “nos entreguemos a la construcción de una política auténticamente humana y una sociedad en la que nadie se sienta víctima de la cultura del descarte”. Conversando con el público como si fuera un abogado: “esto no es sólo asunto de leyes que requieran de actualizaciones y mejoras, siempre necesarias, sino de urgente formación de la responsabilidad personal de cada uno, con pleno respeto del otro, como corresponde en la causa común de promover el desarrollo nacional”.

La palabra y la forma de divulgarla, importa. Son las palabras y la forma en que se comparten lo que permite que estas palabras hagan historia, porque se analizarán, se cuestionarán y se repetirán.

En Manual de Liderazgo para no ser un Líder Jurásico, que publiqué hace varios años, comentaba en las biografías de los grandes políticos y gobernantes de la historia que una de las características que los hizo extraordinarios líderes fue su capacidad de tener y comunicar una visión.

Cuando hablamos de visión, en su acepción más simple, nos referimos a un plan de acción que incluye objetivos y los pasos para cumplir con esos objetivos. El problema para los políticos o gobernantes mexicanos es que compartir su “visión” puede ser un veneno, especialmente para aquellos que llegan al poder por razones ajenas a la eficiencia, al merecimiento o al simple conocimiento de sus obligaciones. Para estos líderes publicitar su visión puede costarles mucho, en realidad sería un grave error, porque esa misma propuesta se usará en su contra para subrayar su incapacidad como líder o como un documento que demuestre que no sabe ni entiende las necesidades de sus representados. Es un fraude, o un corrupto.

Capacidad de compartir la visión, o el camino no es suficiente, lo que mueve a las masas y a los seguidores. Tiene que haber un mensaje de cambio, de que las cosas pueden cambiar y sobre todo pueden ser mejores. En El Arte de Liderar, Francesco Alberoni describe que tener una visión con las intenciones correctas no basta. “La visión tiene que ser el gas de la flama de la motivación y la inspiración para darle esperanzas a los que anhelan ser líderes dignos, que en verdad se preocupen por sus representados.

La visión es el camino, el líder tiene que convencer a sus seguidores de ello. La única forma de lograrlo es dándoles esperanzas porque, a final de cuentas, “lo único que importa, que mueve y da fuerza a las personas, lo que las arrastra, es un sueño”.

Está por verse si la visita del Papa Francisco tendrá algún impacto en la vida nacional, en la forma de comportarse de la clase política o empresarial, y tal vez ni siquiera esa era su intención, pero sus discursos nos dan mucho de qué pensar.

Twitter: @Amsalazar

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