Opinión

Discurso no mata realidad

Ayer lunes el gobierno federal desplegó todo el aparato de propaganda, y dos voceros calificados, el comisionado de la Policía Federal, Enrique Galindo, y el coordinador nacional antisecuestro, Renato Sales, tomaron por asalto los noticiarios de radio para transmitir dos ideas fuerza: la delincuencia va a la baja y la nueva Gendarmería reforzará la seguridad de los ciudadanos. Se oye bien, aunque no es tan lógico. Si las cosas van bien, ¿para qué cambiar? Discurso no mata realidad, y la realidad difiere a la fotografía que están buscando transmitir. ¿Qué está sucediendo?

Las autoridades buscan maquillar la realidad para evitar una crisis nerviosa en la sociedad, y están contando con la participación subordinada de las organizaciones no gubernamentales que están aceptando censuras. El viernes pasado, por ejemplo, cuando se preparaba la XXXVI Sesión del Consejo Nacional de Seguridad Pública, el comisionado de Seguridad, Monte Alejandro Rubido, leyó las líneas generales de lo que pensaban decir las ONG –una práctica común–, y se comunicó con ellos para pedirles que si querían criticar de manera tan ácida el estado de la seguridad en el país, no lo hicieran en público. Hubo forcejeo, pero al final aceptaron. Se hizo una reunión cerrada donde cuestionaron las acciones gubernamentales, y en la reunión abierta con gobernadores, se callaron la boca.

Fueron subordinadamente educados, pero socialmente irresponsables. La seguridad ha bajado en forma tangencial, y no corresponde en intensidad y vehemencia a la manera como se han manejado los datos. Las estadísticas del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública muestran una disminución pausada mensual, que como bien dice el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, son alentadores, pero prematuros para celebrar la forma como se despliega la propaganda en medios electrónicos, sorprende por el interés en alterar la realidad mexicana.

¿Qué tanto se está reflejando esa realidad en el discurso público? No mucho. Por ejemplo, en el caso del secuestro, el delito más lacerante en una sociedad, 2013 fue el peor año desde 1997, cuando se empezó a medir, con un total de mil 698 casos. De enero a junio de 2013, hubo 823 secuestros, contra 811 en el mismo periodo de 2014. El total de secuestros en 2013 fue de mil 698, y si sólo se hiciera en forma mecánica la suma de lo que se ha registrado en 2014, el total para diciembre sería igual. Pero las operaciones aritméticas no funcionan en índices criminológicos. De hecho, si se mantiene la tendencia como en el primer semestre, la cifra total sí podría bajar. ¿Es una buena señal? Estadísticamente, sí. No obstante, hay dos variables que se tienen que incorporar como contexto en el análisis de 2014.

Por un lado, como dice la activista Isabel Miranda de Wallace, hay menos denuncias de secuestro –que es lo que registra la estadística–, explicado sólo por la pérdida de credibilidad en el sistema de administración y procuración de justicia. Por el otro, el número de secuestros se desplomó en junio, que coincidió con la atención que brindaron los mexicanos al Campeonato Mundial de Futbol, que se pegaron a la televisión, como lo reflejaron los ratings de audiencia. Este no es un dato frívolo en la contabilidad criminal. En temporadas de vacaciones y fiestas religiosas, suelen bajar los delitos. Y todos los delitos analizados por el Sistema Nacional de Seguridad Pública tuvieron un desplome en junio, y la mayoría de ellos en abril, cuando fue la Semana Santa.

El viernes pasado la directora de México Evalúa, Edna Jaime, les dijo
–ya edulcorada su participación– que “gastamos mucho en seguridad, pero no vemos los resultados”. Una buena parte del blitz mediático de Galindo y Sales fue para contrarrestar su dicho. ¿A qué se refería Jaime? A los pobres resultados del primer semestre de 2014: tres mil 419 extorsiones, a una tasa de 18.7 cada día; ocho mil 108 homicidios dolosos, deliberados, con alevosía y ventaja; a un ritmo de 1.8 asesinatos por hora; 25 mil nueve robos de vehículos con violencia y 59 mil 748 sin violencia. Si la comparación es con 2013, en efecto, ha habido una reducción. ¿Se justifica con el presupuesto?

El Congreso autorizó para la gobernación 75 mil 303 millones de pesos en el presupuesto de 2014, que significó un incremento de 16.1 por ciento con respecto al de 2013. De ese total, 40 mil 850 millones de pesos, equivalente a 54.5 por ciento del total, se destinaron a la seguridad interna, que es la seguridad pública. Vista la inversión, vis á vis los resultados, Jaime tiene razón: se gastó mucho y los resultados son mediocres. La reducción del delito en términos porcentuales no corresponde al incremento presupuestal que le asignó el Congreso al gobierno. Los resultados tendrían que haber sido más contundentes, pero no lo son.

Sin embargo, es injusto que se pretenda una reducción de los índices de criminalidad simétrica al gasto, porque sería como darle el mismo valor y asignarle un comportamiento similar a los factores objetivos y subjetivos del fenómeno. Pero si no es injusto, es tramposo que se quiera pintar una realidad que no corresponde con los hechos. No debe haber excesos en ninguna parte, pero tampoco engaños, como queda uno tras escuchar el mensaje oficial que se transmite a los mexicanos.

Twitter: @rivapa