Opinión

Discriminación institucional

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Pobreza

La propuesta de tener Zonas Económicas Especiales para que las entidades federativas del sur salgan de la miseria es una mala idea. Lo es porque ya hemos probado muchas veces que no importa cuánto se invierta por allá, las cosas no cambian. El más reciente esfuerzo, en el gobierno de Vicente Fox, incluyó la construcción de Puerto Chiapas, un nuevo aeropuerto en Tuxtla Gutiérrez, y una autopista de ahí a Villahermosa. Con esa infraestructura de comunicación, se esperaba, Chiapas podría desarrollarse. No sólo no ocurrió eso, siguen transportando al señor que trabaja de gobernador en andas, como si viviesen en el siglo XVI.

Y es que ése es el problema. Prácticamente todo Chiapas, Oaxaca, Guerrero y la mitad de Michoacán viven en el siglo XVI. Sus estructuras sociales y políticas no han sufrido mayor transformación, por más que se invierta en ellas. Hasta festejan que tienen “usos y costumbres” para elegir gobernantes, cuando ésa es una institución de la colonia que sólo sirve para mantener el patrimonialismo y machismo en centenares de municipios. Más recientemente se han inventado municipios autónomos, policías comunitarias, autogobiernos y autodefensas. Todo eso, con perdón de la progresía indigenista nacional y de sus invitados extranjeros, es mantener esas regiones en condiciones de miseria.

Por eso he insistido en que la solución es invadir esa región. Me refiero a que tenemos que trasladar al Pacífico sur lo que tenemos en el resto del país, que si bien no es el mejor mundo posible, sí supera por mucho las condiciones en que se vive en aquella región. Acá seguimos sufriendo por la corrupción, pero los gobernadores no golpean a la gente, ni son cargados en andas, ni son caciques. Acá tenemos algunas dificultades con la creación de empleos, pero no tenemos al 80 por ciento en la informalidad, como ocurre en esa zona.

Entre tantos cuentos que sirvieron para legitimar al viejo régimen, el indigenismo es posiblemente el más dañino. Lo es para los millones de mexicanos que son discriminados institucionalmente por ser indígenas. La creencia en que deben tener leyes diferentes no es otra cosa que un instrumento de discriminación que los mantiene en permanente minoría de edad. Qué mejor ejemplo del daño que hacen esas creencias que el éxito que tienen oaxaqueños y michoacanos cuando se van a Estados Unidos y son tratados como cualquiera. Es entonces cuando pueden producir y crecer. No acá, porque acá los tratamos como infantes: que no elijan, que no se hagan responsables, que no compitan.

Creo que la idea de las zonas económicas puede convertirse en un caso más de trato diferenciado que no traerá cambio alguno en la situación económica, y nos costará muchos miles de millones de pesos, que no podremos usar en otra cosa y por eso habrá que emitir bonos para infraestructura escolar. Para mí, esto es un caso claro de confusión de prioridades como resultado de la ideología del viejo régimen, que no pueden quitarse de encima ni los priistas, ni la izquierda. No es extraño, si en su origen ambos grupos no se diferencian mucho, y además ambos han sido siempre profundamente paternalistas. Ellos saben cómo resolver los problemas de los demás, dicen, con dinero de los demás, claro. El dinero sí se usa, las soluciones nunca sirven.

Insisto, llevamos décadas de este tipo de experimentos, todos fallidos. Lo que sirve, lo que claramente funciona, es hacer responsables a las personas de su propio destino. Para ello, hay que destruir las vetustas instituciones que lo impiden: caciques, iglesias, revolucionarios, y toda la fauna que vive de mantener a los indígenas como indígenas: pobres, marginados, menores de edad. Son mexicanos, y nada más.

El autor es profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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