Opinión

Dios, qué 'no' hicimos
como para merecer esto

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Gabino Cué, gobernador de Oaxaca, quien dio la instrucción de la renovación del IEEPO, durante un evento con jóvenes en Oaxaca, ayer. (Cuartoscuro)

El gobernador (es un decir) de Oaxaca, Gabino Cué, otorgó, a dedo, contratos por 137 millones de pesos a una obra que ya había sido cancelada. Más: estamos hablando del llamado Centro de Convenciones El Fortín, faraónico proyecto echado abajo en octubre pasado gracias al sensato activismo de, entre otros, los pintores Francisco Toledo y Sergio Hernández. Las empresas recibieron sus contratos, para algo que no se hará, en diciembre. Nota completa en Reforma (http://bit.ly/1XZYY34)

El gobernador (es un decir) del Estado de México, Eruviel Ávila, recibió en diciembre una medalla de oro que le fue otorgada por una dependencia de su (es un decir) gobierno. El Tribunal Administrativo, que depende de Eruviel, destacó que el ecatepequense merecía ese galardón por su “gran trayectoria profesional”, “calidad humana”, “liderazgo”, “inagotable esfuerzo”, “solidaridad”, “ahínco”, “buena nombradía”, “honorabilidad”, “travesía intachable y sobresaliente”. No es broma. Citas y nota de Animal Político (http://bit.ly/1MyHcU3)

La empresa OHL fue denunciada por millonaria manipulación de datos contables y exhibida en internet por indebidos tratos con funcionarios mexiquenses y federales. Este lunes la Comisión Nacional Bancaria y de Valores anunció una multa a esa constructora por casi 72 millones de pesos. ¿Qué tan dolorosa es la multa? “Sólo representa el 1.5 por ciento del total de los ingresos por peaje que obtuvo OHL México en 2015, que ascendieron a cuatro mil 704 millones de pesos”, subrayó ayer EL FINANCIERO. Si a usted le dijeran que burlar escandalosamente la ley sólo le costará seis días de su ingreso anual, ¿encontraría amenazante el riesgo? Como dijera ayer Templo Mayor, esta simulación es en realidad una sanción sin castigo. Aquí la nota (http://bit.ly/1RxqSQb)

Estos casos reportados por la prensa de ayer no suponen, ni de lejos, una lista exhaustiva sobre despropósitos y corrupción de nuestra clase política. Todos los días medios tradicionales y portales de internet exponen denuncias parecidas o similares. La cuestión es cómo escapar al efecto paralizante que, según Mario Vargas Llosa, tantas denuncias sin consecuencias puede generar. “¿No llega la putrefacción del sistema a grados tales que sólo queda resignarse, aceptar que la sociedad es y será una selva donde las fieras se comerán siempre a los corderos?”, cuestiona el peruano en La civilización del espectáculo (Alfaguara, 2012). Y responde: “Es esta actitud pesimista y cínica, no la extendida corrupción, la que puede efectivamente acabar con las democracias liberales, convirtiéndolas en un cascarón vacío de sustancia y verdad, eso que los marxistas ridiculizaban con el apelativo de democracia ‘formal’. Es una actitud en muchos casos inconsciente, que se traduce en desinterés y apatía hacia la vida pública, escepticismo hacia las instituciones, reticencia a ponerlas a prueba. Cuando secciones considerables de una sociedad devastada por la inconsecuencia sucumben al catastrofismo y la anomia cívica, el campo queda libre para los lobos y las hienas”.

Cuánto de ese conformismo ha permeado ya en diversas capas de la sociedad. En cuánta resignación está basado el éxito del PRI en el Edomex, del PAN en la Benito Juárez, del PRD en Coyoacán, de Morena en la Cuauhtémoc. Cuántas notas más conoceremos sobre millonarios faltantes detectados por la Auditoría Superior de la Federación sin que pierdan la chamba, o el sueño, ni la décima parte de los denunciados. La publicación de escándalos, documentados e incontrovertibles, cada vez rinde menos a la sociedad.

¿O será cuestión de tiempo? ¿O habrá que explorar nuevos medios? Dudas ante casos cotidianos que ponen a prueba la capacidad de sorpresa e indignación. Y que obligan a preguntarse qué falta por hacer para no merecer esto.

Twitter: @SalCamarena

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