Opinión

Dinero, ¿origen de todos los males?

 
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Cartera con billetes.

Somos testigos de que hay políticos que anteponen sus propios intereses y cometen actos de corrupción para enriquecerse sin límite, llegando a fortunas ridículamente altas. Resulta que este fenómeno puede ser exacerbado por el efecto psicológico causado por el dinero y afecta a todos en alguna medida.

El psicólogo Paul Piff comenta en una plática en www.ted.com: “Lo que nos hemos encontrado en decenas de estudios y con miles de participantes de todo el país es que, conforme aumentan los niveles de riqueza, bajan los sentimientos de compasión y empatía, y sus sentimientos de propiedad, de merecimiento, su ideología de autointerés, aumentan. En las encuestas hemos encontrado que son en realidad los individuos más ricos los más propensos a moralizar sobre lo buena que es la codicia y lo aceptable de la búsqueda del interés propio.

“Lo que estamos encontrando es que, cuanto más rico eres, más probable es que persigas una situación de éxito personal, de logro y realización, en detrimento de los demás a tu alrededor”, añade.

Según Kabir Sehgal, autor del libro Coined: The Rich Life of Money and How Its History Has Shaped Us, “los estudios muestran que estas personas tenían la misma respuesta neurológica a hacer el dinero en sus 'centros de placer', como alguien que está en lo alto de la cocaína”.

Otra consecuencia es la irracionalidad y hacer que no fueran tan conscientes del riesgo y se atrevieran a asumirlo, de forma sencilla, por la simple motivación de ganar.

Este tema lo aborda también el prestigiado investigador Richard Layard en su libro Happiness.

En el capítulo cuatro, denominado 'Si eres muy rico, por qué no eres feliz' dice que el estándar de vida es parecido al alcohol o a las drogas y una vez que se tiene cierta experiencia en ese sentido, es necesario seguir ascendiendo, si desean sostener la satisfacción, como si fuera un vicio.

Afirma Layard que el placer al ingreso está en función de cómo se confronta con algunas normas, las cuales dependen de dos elementos: las posesiones de otras personas y lo que frecuentemente se obtiene.

En el primer caso los sentimientos están gobernados por la comparación social y en el segundo por la habituación. Es decir, queremos más de las posesiones de quienes nos rodean.

Es importante reflexionar sobre este tipo de efectos para evitar convertir al dinero en un fin en sí mismo, en lugar de utilizarlo como una herramienta para alcanzar la felicidad.

Twitter: @finanzasparami

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