Opinión

3 dinámicas 3

En los últimos días, tres dinámicas muy diferentes han sido noticia: normalistas, politécnicos y anarquistas. Tal vez lo único que tienen en común es la juventud, pero es posible que haya algo más, y sería bueno saberlo.

El caso de la normal rural de Ayotzinapa es muy conocido. Se creó en los años treinta, cuando el maestro rural era el apóstol laico del régimen revolucionario que debía “apoderarse de las conciencias de la niñez, … porque son y deben pertenecer a la Revolución”, según el grito de Guadalajara de Plutarco Elías Calles. Desde sus inicios, fue un centro de pensamiento radical, que tres décadas después tendría en sus aulas a Genaro Vázquez y a Lucio Cabañas, y 50 años después se ha convertido en un anacronismo productor de maestros rurales totalmente desfasados, tanto en su forma de ver el mundo como en su posible espacio de trabajo, en una sociedad mayoritariamente urbana. Como las otras normales rurales, dedican más tiempo a aprender métodos de movilización y agitación que didáctica de las matemáticas, y como las otras, producen más delitos que maestros. Baste recordar a los mismos jóvenes de Ayotzinapa quemando vivo al encargado de una gasolinera, hace apenas un par de años.

Pero lo ocurrido en Iguala no tiene nombre. Por razones que ignoramos, los normalistas fueron a Iguala a manifestarse el día que la esposa del presidente municipal informaba sus labores en el DIF. Fueron perseguidos y varios de ellos asesinados por sicarios y policías, cuya única diferencia, imagino, era el uniforme. Más de cuarenta siguen desaparecidos. Esto no es un abuso del Estado, como desde la lógica radical se interpreta. Es resultado de la ausencia de Estado y del control regional por los “señores de la guerra”, como en Somalia.

Los alumnos del IPN tienen una dinámica totalmente diferente. Frente a un cambio de reglamentos, se movilizan, y logran que el secretario de Gobernación acepte negociar con ellos, e incluso darles la cabeza de la directora de la institución. Si lee uno los cambios que supuestamente provocaron estas movilizaciones, algo no cuadra. Si acaso algún grupo del Poli resulta golpeado por esos cambios no son los alumnos, sino los trabajadores. Eso, y el rechazo de los jóvenes a los ofrecimientos de Gobernación hacen pensar en que, más allá de lo dicho, hay algo detrás del movimiento. Puede ser una preocupación general de los jóvenes por las dificultades en el mercado laboral, que explicaría la amplia participación, pero también puede ser una manipulación por parte de grupos internos del Poli. No son excluyentes.

La tercera dinámica es la de los anarquistas, jóvenes que aparecen siempre encapuchados y siempre buscando causar daños. En la marcha del 2 de octubre los estudiantes lograron impedir excesos de este grupo, pero ayer mismo los anarquistas fueron a provocar a la UNAM. Nunca ha estado claro qué buscan, más allá de dañar y provocar. Y tampoco está claro por qué la autoridad no actúa para detenerlos.

Tres dinámicas, me parece, muy diferentes: en Guerrero, ausencia total del Estado que permite actos de barbarie realizados por quienes deberían cuidar del orden público; es tierra de “señores de la guerra”, o en términos más académicos, Estado fallido. En el Poli, movimientos estudiantiles que parecen responder a necesidades de los jóvenes que no se han atendido, pero que también pueden estar siendo aprovechadas por grupos políticos. Y los anarquistas, que sólo dejan destrozos a su paso.

Tres dinámicas que exigen tres tipos de respuesta: en Guerrero y zonas aledañas, hay que construir un Estado. En el Poli, hay que entender qué pasa, para poder responder constructivamente. Y con los anarquistas no estaría mal que el gobierno cumpliese con su trabajo de mantener un elemental orden público.

Twitter: @macariomx