Opinión

'Dieselgate'

Flor Unda Carbot*
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VW Logo (Reuters)

Aún es muy pronto para dimensionar las consecuencias del escándalo Volkswagen. Hasta ahora, se habla de unidades, daños económicos y cambios en la dirección de la compañía. Sin embargo, es claro que la más importante de ellas dio y seguirá dando en el corazón de una marca que hasta hace unas semanas era líder y gozaba de la mejor reputación dentro de la industria.

Así lo reconoció su nuevo Presidente Müller: "la crisis que atraviesa la empresa es una crisis de confianza que afecta a la parte principal de lo que hacemos: a nuestros coches".

Esta grave situación que involucra a 11 millones de vehículos "truqueados" desde 2009 (no sólo el medio millón de VW y Audi vendidos en los Estados Unidos) provocó de inmediato la pérdida de un tercio del valor bursátil de la compañía (se estiman multas por 18 billones de dólares), plantea otras muchas aristas que atañen a la esfera ética, del gobierno corporativo y de la responsabilidad empresarial.

En primer lugar, además de los accionistas, están las otras legítimas partes interesadas en la operación de la empresa, los llamados "stakeholders", quienes ya fueron y continuarán siendo severamente afectados y con respecto a los cuales, en la mayoría de los casos, por no decir en ninguno, nadie o muy pocos en la esfera de las decisiones o en la alta dirección se detienen a pensar.

Aquí una primera mirada sobre los primeros efectos en los “stakeholders”. En los empleados: ya se anunciaron recortes masivos en toda la red. Sobre las comunidades y regiones en los diferentes países en donde hay plantas VW: se cancelaran y aplazaran inversiones multimillonarias a punto de iniciar o que ya están en proceso. Para la cadena de suministros: ya lista o en preparación para abastecer las necesidades del crecimiento previamente anunciado. El medio ambiente: el daño sobre la salud pública es difícil de medir y tal vez sea insignificante, pero deja manifiesto la falta de un compromiso genuino por mitigar el deterioro.

En la red de distribuidores de automóviles: los consumidores buscarán marcas "más confiables", al menos mientras se atenúa la intensidad de la crisis. Los propietarios de automóviles VW, que aún y cuando no estén entre los "truqueados", también serán castigados en el valor de re-venta de las unidades. Para los competidores, por el endurecimiento de medidas del regulador y la desconfianza generalizada del mercado. Los gobiernos y reguladores, claramente rebasados por la tecnología y en franca desventaja ante la dinámica de innovación de la industria privada (el “dieselgate” fue detectado por la Universidad de Virginia al hacer un estudio propio sobre emisiones). Y, por qué no decirlo, una tristeza para muchos románticos que tuvimos como primer coche un “vocho” y hoy nos sentimos traicionados por la marca.

Todo esto, por 11 millones de vehículos a lo largo de 6 años, que fueron vendidos alrededor del mundo bajo las marcas de Volswagen, Audi y Seat, cifra equivalente al volumen de ventas esperadas para 2015, en que la empresa llevaba el liderazgo en el primer semestre con más de 5 millones de vehículos.

Existen muchas preguntas alrededor de las causas de este muy lamentable suceso que ha puesto en jaque a una "marca país", a un símbolo de la industria, a una marca líder ligada a la tradición democrática (Volkswagen significa 'automóvil del pueblo'), y a un modelo global que ilustra el alcance expansivo de las decisiones, en este caso tomadas en la Baja Sajonia, por un Directorio o Consejo de Administración formado por las dos familias fundadoras que mantienen mayoría (Porsche y Piech), y representantes del gobierno (también propietario) y de los sindicatos.

Según los expertos, es difícil creer que el engaño perpetrado por la marca para falsear el nivel de emisiones contaminantes de los automóviles diésel, fuera ajeno al expresidente Winterkorn, quien tuvo que dejar el cargo debido al escándalo. De ser así, es inevitable pensar que en esa compañía, emblema del orgullo alemán, se constituyó y cobijo desde la más alta esfera, es decir, del gobierno corporativo, una pandilla de defraudadores quienes en vez de hacer lo necesario para rectificar sus primeras mentiras, optaron por taparlas con más mentiras que hoy, después de explotarles en la cara, pone sobre la mesa el desprecio por la ética y la responsabilidad corporativa, en una compañía antes ejemplar a escala mundial.

* La autora es presidenta del Comité Técnico Nacional de Gobierno Corporativo y Jurídico Financiero del IMEF.

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