Opinión

Diatriba del Gran Premio

 
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F1.

Gil incurrirá en una villamelonada de las grandes: las carreras de coches le parecen más aburridas que una novela de Hermann Broch, el dilatado narrador alemán. La Fórmula 1 regresa a México, gran noticia, ni la visita del Papa ha concitado (gran verbo) tanto entusiasmo; el piloto Rosberg viene en plenitud de facultades, yeea; el Checo Pérez sale de la meta en el noveno lugar.

Y a darle vuelta a la matraca: en la zona de los pits un grupo de hombres vertiginosos cambia los neumáticos de la escudería de la fórmula, o como se diga. Al cumplir la vuelta 15, Rosberg no compartía el primer lugar ni con Dios, Hamilton lo seguía de cerca y el Checo Pérez, en tercer lugar, soñaba que era rey, un cochinito lindo y cortés.

Con la pena, pero ver automóviles dejar atrás al viento a una velocidad de 350 kilómetros por hora no le parece interesante a Gilga, le parece eso sí, peligroso, pero para peligros, la magia taurina. Y luego dicen que la mariguana es peligrosa. ¿Hay algo más riesgoso que correr en un auto a esa velocidad? Entonces, diría Gamés, que se prohíba el automovilismo, una verdadera amenaza para quienes lo ejercen. Así piensan quienes pretenden que persista la prohibición del uso recreativo de la mariguana, pero volvamos a la pista y sus emociones, mju.

El público desbordó las expectativas, dijeron los organizadores, y abarrotó el autódromo. El presidente Peña visitó a los pilotos durante las pruebas y Miguel Ángel Mancera acudió a la inauguración. Gamés dio una orden perentoria: que nadie haga ruido, lo despiertan cuando termine el tormento del Gran Premio Fórmula 1. Al despertar, Gil se enteró de que el alemán Nico Rosberg fue el ganador del Gran Premio de México. Hamilton obtuvo el segundo lugar, dicen los que saben que el octavo lugar de Checo Pérez es un triunfo para su escudería. Si lo dicen los que saben será verdad: gran victoria.

En la pista
Los periódicos han publicado que los mexicanos vivieron un espectáculo sin precedentes. Lectora, lector: esto que acaban de leer ustedes es una de las razones por las cuales Gamés no ata ni desata. El autódromo Hermanos Rodríguez hasta la bandera, el público ahíto de emoción. Si el automovilismo puede apasionar a las personas, Gilga no tiene un lugar en el universo. Qué emocionante, el Gran Premio lo ganó el alemán, ¡yupi!, ¡viva! El corredor mexicano llegó en octavo: ¡extraordinaria carrera! ¡Champaña para el Checo! Qué deseables son los ricos, qué interesantes son los pilotos de carreras. Oh, sí.

En medio de la incontrolable emoción, Gamés recordó que a México le fue retirado el Gran Premio entre otras cosas porque las personas se metían a la pista durante la carrera. Gil imagina: vamos a cruzar, apúrate, y nos compramos un elote del otro lado. Aquí no hay elotes. Sí hay, córrele porque nos atropella el Checo.

Gran día para México. Bien, que les aproveche y que el Gran Premio quede establecido para siempre, hasta el final de los tiempos. Si algo le faltaba a este país era una gran carrera de coches de carreras.

Cortinas
La gran escudería de Gamés no podría retirarse de esta página del fondo sin hacer una mención a la comisión (ción-sión) declarativa de Liópez en Villahermosa, Tabasco. Gilga lo leyó en su periódico Reforma. Liópez ha dicho que la detención del alcalde de Cocula, el perredista Erick Ramírez, es una cortina de humo del gobierno para no decir la verdad sobre los 43 normalistas desaparecidos: “El gobierno está queriendo crear cortinas de humo sobre lo que sucedió en Ayotzinapa. Lo que sucedió lo sabe Peña Nieto y está encubriendo, es cómplice”.

¿Cómo la ven? Sin albur. Detienen al hamponazo de Cocula y Liópez dice que el presidente es cómplice; vuela la mosca en Morena y Peña tiene que pagar el Raid mata bichos; le duele la cabeza a Batres, ¿quién es el culpable?: Peña. Criticar al presidente Peña atrae a la clientela, todos quedan contentos. Gamés no quiere perder lectores, más bien quiere ganar seguidores por eso se convertirá en un crítico acérrimo del presidente. Y con Gilga no hay tu tía. Neoliberal, entreguista y cómplice será lo menos que Gil le colgará al presidente con la espada de su crítica. Oh, sí.

La máxima de Chamfort espetó en el ático de las frases célebres: “También hay tonterías elegantes como hay tontos bien vestidos”.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX

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