Opinión

Diálogo, anjá

Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gil leyó las declaraciones de Marcelo Ebrard en defensa de lo indefendible: que la Línea 12 del Metro, obra magna y magma de su gobierno, se hizo con las patas, muchas patas, y que su gobierno incurrió en un gastó de 22 mil millones de pesos más 18 mil millones en pago por unos trenes que una vez montados en la vía, no sirvieron más que para la ondulatoria de la transitoria en el peralte indómito, o como se diga.

La salida política de Marcelo Ebrard roza la genialidad: “Yo lo invitaría (al jefe de Gobierno), respetuosamente por cierto, a que tengamos un encuentro público para que a la ciudadanía le quede claro cuáles son las responsabilidades del de la voz”. El de la voz piensa que Miguel Ángel Mancera se chupa el dedo y aceptará un extravagante debate sobre lo que se hizo, o mejor, deshizo en el gobierno de Ebrard.

Gil ha notado que la idea del diálogo se ha convertido en un extraño comodín de la cultura o incultura mexicana. Un grupo de mentores toma las calles, afecta el tránsito de las personas, rompe vidrios a pedradas y pide una mesa de dialogo. Unos estudiantes, o lo que sean, toman edificios públicos y piden diálogo. Y luego, un exjefe de gobierno encabeza una obra mayor de la ciudad de México que fracasa, no da el servicio prometido a quienes lo necesitan y al final pide, respetuosamente, eso sí, diálogo. ¿Y cómo qué más pide Marcelo Ebrard? Como diría Clavillazo: Nomaaás.

El señor Higgs

Gil no da crédito y cobranza cuando lee esto: “Hago un planteamiento al jefe Gobierno: si hay alguna imputación que hacerme por corrupción, que la haga”.

Señor Ebrard, ¿la Línea 12 funciona? No hagamos afirmaciones temerarias, vamos a suponer que no funciona; en el caso de que esa obra no funcionase (fíjense bien en el tiempo verbal), ¿quién sería el responsable? ¿Dios nuestro Señor? ¿La Divina Providencia? ¿El azar? ¿El jefe de Gobierno en funciones? ¿Ninguno? ¿Todos? Correcto, todos; de hecho, Gamés considera que el Bosón de Higgs fue el culpable número uno de los trenes chuecos y las vías intratables y los andenes cortos o largos, y los durmientes partidos, en fon, pinche Bolsón de Higgs, o como se llame, quien al parecer es el nombre del secretario particular de Enrique Horcasitas, el que pagará los platos rotos, que dice Gil platos, la vajilla completa.

Ciertamente se dice que Ebrard y los suyos (suena bien la fórmula conspirativa) han puesto a circular la especie de que a Miguel Ángel Mancera le toca un pedazo de corresponsabilidad en el desastre de la Línea 12 por la falta de mantenimiento de la obra. Mju.

Total, a dialogar. Gil se imagina unos diálogos beckettianos: Miguel Ángel, yo puse bien los durmientes, pero alguien los despertó. No te equivoques, Marcelo, se te despertaron los durmientes y los trenes y las vías y todo lo demás. Despertaron y se han puesto la desvelada del siglo, aún no concilian el sueño.

Llamas a mí


Miguel Ángel Mancera, obvio, no pisó la trampa, nomás faltaba, y se negó a entablar cualquier diálogo: “Es un asunto de análisis jurídico y de análisis administrativo, no veo yo ninguna posibilidad de volverlo político ni por supuesto la necesidad de un debate”. Y tan tan.

A Marcelo Ebrard le ha salido barato un asunto carísimo. La investigación de la Procuraduría del Distrito Federal y la denuncia de la Contraloría de 15 funcionarios del Proyecto Metro apenas y lo toca. Las llamas han llegado a los aparejos, es decir a los jaeces, al arzón (grandes palabras). Marcelo debe avanzar con pies de plomo; a Gamés le gusta usar frases hechas, se siente de lo más interesante, oigan esto: lo de Mancera ha sido un santo y seña. El que no quiera ver noches que no salga con fantasmas, o como se diga.

La máxima de Agatha Christie espetó dentro del ático de las frases célebres: “Las conversaciones siempre son peligrosas si se quiere esconder alguna cosa”.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX