Opinión

DF: vivir en un Estado de confusión

Nos hemos acostumbrado a que las cosas en la ciudad de México no van hacia ningún lado y esa es una muy mala costumbre. De tanto que se amontonan los desatinos –un día a cargo de la Asamblea Legislativa, otro a cargo de la jefatura de Gobierno– estos fallidos episodios ya ni captan nuestra atención. Evidenciar lo anterior es fácil. Comencemos con el circo, literalmente, del asunto de los animales en la Asamblea.

Esta agenda –el de la prohibición del uso de animales en espectáculos circenses, y el de las mascotas y los chips– tiene por lo menos tres dimensiones problemáticas.

La primera, la ineficacia. Cuesta de verdad entender que siendo asuntos que llevan semanas en la palestra, ahora resulte que la consejería jurídica de la ciudad de plano haya rebotado la norma sobre los chips, aprobada semanas atrás, y encima planteé dudas sobre las atribuciones que tendría o no la ALDF para legislar sobre los animales en los circos, cuando la legislación ya había sido aprobada. Caray, si así se coordinan el partido mayoritario en Donceles y el jefe de Gobierno, qué bueno que se trata de un asunto no tan crucial.

Porque sin ofender a los promotores de los derechos de los animales, la segunda dimensión en lo que esto supone un problema es su pertinencia. Durante demasiados meses el Distrito Federal ha mostrado signos de agotamiento de la supuesta seguridad en que vivíamos, pero los señores y las señoras asambleístas prefieren ocuparse de las mascotas que de los homicidios en la Gustavo A. Madero o de las muertes en el transporte público.

Aunque si el objetivo era distraernos, los asambleístas van muy bien. Estamos hablando de mascotas cuando quizá más bien deberíamos ocuparnos de por qué reservó el gobierno capitalino información de la Línea 12 del Metro, o de la entronización de un esquema de gobierno de Miguel Ángel Mancera cuyo lema podría ser "Primero los ricos".

El jefe de Gobierno que ha decidido desarmar a los pobres pero no a los ricos, que con el Operativo Rastrillo retira carcachas pero no a guaruras que reiteradamente ocupan lugares prohibidos en la vía pública, anunció el viernes pasado que pediría reformas a la Ley de Cultura Cívica para aumentar la pena a los grafiteros. Incluso quería que estos sean obligados a reparar el daño. Una vez más, forma y fondo equivocados en una ciudad que supuestamente era de izquierda. Menos mal que la Asamblea dijo no en esta materia.

Porque no hace falta leer que el diario Reforma documenta que hay 34 por ciento más de espectaculares en el Circuito Bicentenario (dato publicado el 03/06/14), pues basta con levantar la vista y ver el desorden y el aumento de esos anuncios por doquier. Pero lo que molesta al GDF es el graffiti, es decir, la “contaminación” visual generada por los pobres, no los espectaculares de los ricos. Aquí el boletín al respecto: http://www.noticiasdetuciudad.df.gob.mx/?p=78258

No sé si a Mara Robles, por ejemplo, funcionaria del gobierno capitalino, ya se le olvidaron sus raíces universitarias, pero alguien debería mencionarle al licenciado Mancera que el graffiti es mucho más que unos rayones con spray. Es un fenómeno complejísimo, con el que otras urbes han lidiado en un esquema dual: prohíben sí, pero al mismo tiempo abren espacios para los grafiteros y diálogo con éstos.

En fin. Habituados como estamos a una agenda sin ton ni son, sólo resta preguntarnos cuánto más aguantará en manos de esta izquierda una ciudad sin debates ni propuesta progresista de gobierno.