Opinión

Deveras, ¿todo se vale?

No solamente lo han signado innumerables veces los partidos políticos, sino que es uno de los principales valores que alimentan a nuestra sociedad: el país, la Patria va adelante y por encima. Después…después viene lo demás.

Y si bien es comprensible que la izquierda quiera hacer valer sus verdades, también resulta pertinente analizar hasta dónde esta desiderata puede perjudicar los intereses generales. No es tratando de vulnerar las posibilidades de crecimiento a las que todos tenemos derecho, como se puede lograr el que un grupo, fracción o partido, obtenga ventajas. Tampoco es pretendiendo lesionar deliberadamente la credibilidad del sistema que entre todos hemos hecho, la mejor manera en que se pueda avanzar políticamente, pero esto se agrava cuando estos intentos se realizan en el extranjero y, en aspectos que pueden ser torales para el desarrollo nacional.

El presidente del PRD y algunos acompañantes como Irán Moreno, encargado de asuntos internacionales, el senador Luis Sánchez y el diputado Luis Espinosa Cházaro realizan un periplo en Estados Unidos para entrevistarse con diversos funcionarios de esa nación con la finalidad de evitar que sus conciudadanos realicen inversiones financieras en México. Sus argumentos giran sobre la inconveniencia de la reforma energética ya aprobada y la inminencia de los reglamentos o leyes secundarias respectivas.

Por supuesto que esa reforma debe ser enriquecida, pienso y ejemplifico en un solo asunto: la tibieza con que se aborda el renglón de las nuevas energías. Alemania, con un cuarto de cubrimiento solar anual de lo que se da en México, ya despunta con esa energía que en pocos años les permitirá satisfacer sus necesidades en la mayoría de los hogares teutones. ¡Lo que podríamos hacer nosotros si nos aplicáramos a hacer algo semejante! Es evidente que la reforma energética se ha centrado sobre las energías fósiles y ha dejado las otras como algo secundario.

¿Acaso con este argumento van a quejarse al extranjero? ¿Buscan asesoría en materia tan definitiva?

No, van a hablar de la corrupción que existe en Pemex y “prevenir” a quien pueda invertir aquí para que no lo hagan. Bien podría verse como ejemplo el que otros partidos fueran también al extranjero para buscar que nadie invirtiera en el Distrito Federal y para ello se hablara sobre la opacidad y corrupción de los gobiernos perredistas en la ciudad capital y se tomara como evidencia la Línea 12 del Metro, alguna vez llamada Dorada.

¿Y si se exhibiera el bochornoso caso en Nueva York o en Washington de René Bejarano, El señor de las ligas, recibiendo fajos de dólares del empresario Carlos Ahumada o del exsecretario de Finanzas de López Obrador en el hotel Bellagio, en Las Vegas, que le costó 10 años de cárcel?

Los viajeros llevan en la maleta el argumento que la consulta popular, aún no iniciada y sin que se sepa su destino, podría “echar abajo” la reforma y ganar la Presidencia en 2018 para revertir esa medida; ergo, la inversión foránea resulta riesgosa para ellos. En otras palabras, están hoy en el extranjero para proteger a los pobres empresarios yanquis, pues de traer sus inversiones, podrían salir rasurados. Terminan defendiendo al interés extranjero sobre el mexicano. ¿Eso se vale; no se han cansado de repetir que su interés trascendente está con los desposeídos?

Lamentablemente los proyectos de izquierda, lo sabemos, han agotado su atractivo y alcanzado sus límites. ¿Con acciones de este tipo piensan alcanzar triunfos electorales en 2015 y, sobre todo, la presidencial en 2018?

A la ciudadanía se la gana desde adentro, con propuestas que conlleven mejoría en todos aspectos; no es exhibiendo nuestros problemas e irregularidades en el extranjero. ¿Por qué habrían de interesarse en nosotros antes que en ellos? ¿Acaso piensan que los inversionistas voraces (como ellos los tipifican) se dejan intimidar con argumentos como los que esgrimen? Seguramente esos ricachones pensarán al escucharlos que no es la lealtad a sus orígenes el principal valor que los viste.

El momento que hoy vive nuestro país, incluso si se quiere ignorar, apunta a lo que se ha apostado: una clara mutación. Lo que está en juego es saber si podremos realizar la modernización de la sociedad y mantener su cohesión; responder tanto a las necesidades de movilidad social como a las de justicia.

Más, mucho más allá de lo que puedan denostar cuatro caballeros sin brújula.