Opinión

Detrás del bloqueo

    
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Cervantes

                                  Chiapas y Oaxaca nos necesitan. Todos a ayudar.

La obstrucción es una estrategia legítima y recurrente de la oposición en las democracias. Las actitudes de colaboración o confrontación de los partidos situados fuera del gobierno, responden, generalmente, al resultado racional de un cálculo sobre beneficios y costos. El comportamiento de la oposición puede tener múltiples motivaciones: desde la intención coyuntural de atestar un golpe de efecto al gobierno para movilizar electorados, hasta el propósito de aumentar su capacidad de influencia efectiva en ciertas políticas públicas. La cooperación o la obstrucción no son posiciones altruistas o desinteresadas de la oposición, sino el pronóstico probable sobre lo que se puede ganar o perder con una u otra. En eso consiste el juego gobierno-oposición: tipos de interacciones entre sujetos racionales que pretenden maximizar sus beneficios y reducir sus costos.

¿Fue rentable la estrategia del Frente de bloquear la instalación de la Cámara de Diputados? Si el objetivo era exhibir a un gobierno huidizo y sin reflejos, sin duda. El amago de crisis constitucional tomó al gobierno y a su partido sin una posición clara con respecto a la Fiscalía. Incapaces de defender la iniciativa del presidente que retiraba el pase automático, sin una idea razonablemente clara sobre la transición a la autonomía o una explicación coherente sobre el diseño, quedaron atrapados en la percepción del inminente albazo legislativo. Con sus silencios confirmaron las sospechas. En el vacío de una posición sobre la institución de la procuración de justicia, dejaron que el debate se redujera a la continuidad del procurador Cervantes. Perdieron el pulso porque sencillamente no saben qué hacer con la nueva Fiscalía.

Si el objetivo era, por otra parte, consolidar al Frente como una realidad viva y actuante, la estrategia tuvo éxito. Los partidos inauguraron su intención de asociación electoral con una batalla legislativa sumamente atractiva. Construyeron el relato de una amenaza creíble, encontraron una palanca eficiente para el chantaje, sortearon los costos de convocar a una crisis institucional sin precedentes. Más allá de la aritmética para bloquear la elección de la Mesa Directiva y la instalación de la Cámara, el Frente logró incomodar al gobierno y, de paso, se visibilizó como una fuerza política capaz de articular estrategias y llevarlas a cabo. En medio de todas las incertidumbres sobre su destino, el Frente adquiere sustancia inmediata con el coagulante de una victoria. La idea abstracta de una muralla opositora se vuelve tangible en la imagen de la claudicación del gobierno.

Pero si el objetivo de la estrategia de obstrucción era corregir los tiempos y circunstancias de la transición a la Fiscalía General, la apuesta fue un rotundo desperdicio. La mera dictaminación de la iniciativa presidencial sobre el pase automático no parece un buen saldo para la oposición. En estricto sentido, no lograron nada adicional a hacer efectiva la firma que el presidente empeñó en una mala e insuficiente propuesta. Como lo ha dicho Ana Laura Magaloni: la conversión automática del procurador en ejercicio es sólo uno de los problemas del tránsito a la autonomía. Se requieren otros ajustes para hacer viable y funcional el modelo: eliminar la regla que transfiere indiscriminadamente los recursos de la PGR a la Fiscalía, de modo que los males históricos de aquélla no contaminen a ésta; ajustar el periodo del mandato del primer fiscal anticorrupción para que no concluya el 1 de diciembre de 2018 y tenga un horizonte mayor de tiempo para construir dicha institución; establecer un proceso de transición gradual y evaluable en el que la PGR vaya extinguiéndose paulatinamente, conforme la nueva Fiscalía crea las capacidades para hacerse cargo de manera integral de la función de procurar justicia. Una serie de ajustes que, sin duda, habrían recolocado la discusión en el modelo.

El hecho de que en la estrategia de bloqueo del Frente no hubieren exigido una cirugía mayor a la transición, sugiere que los capitanes tampoco tienen claro qué tipo de Fiscalía requiere el país. Forzaron una negociación sin saber qué pedir. Lograron sentar al gobierno sin un plan de intercambio de agendas. O quizá sí pidieron, pero otra cosa muy distinta a una buena Fiscalía para México.

Nota al pie. Durante las diez horas que duró la negociación por la instalación del Senado, los senadores del PAN no discutimos ni fuimos informados de estrategia alguna para forzar el cambio en los transitorios de la reforma de la Fiscalía. Siempre se dijo que era un pulso para lograr la presidencia. No tuvieron el valor de abrir ese debate porque sabían bien que el pase automático no era un riesgo real en el Senado. Una raya más de mentira al tigre.

* El autor es senador de la República.

Twitter: @rgilzuarth

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