Opinión

Detengan el triunfalismo
(más sobre la guerra civil)

1
     

     

Dos frentes: policías y civiles. (Eladio Ortíz/Archivo)

Debo a Carlos Bravo Regidor el haberme proporcionado este fin de semana algunas referencias sobre textos que podrían ser considerados precursores de un debate sobre si México vive o no una guerra civil.
Uno de ellos es de abril pasado, su autor es Andreas Schedler, quien según me dice Bravo Regidor está por publicar un libro donde podría ahondar en ese tema.

Schedler coordinó la Encuesta Nacional de Violencia Organizada, patrocinada por el Conacyt y por el (entonces) IFE. En la introducción de la misma, publicada en 2014, el académico del CIDE expone lo siguiente:

“Desde hace más de una década, el país está sumergido en una nueva guerra civil. No es una guerra por el Estado ni por ideología. Es una guerra civil de las llamadas ‘nuevas’ que se libran por ganancias materiales, no por motivos políticos. Y es una guerra que son muchas guerras. Una guerra opaca donde conviven, se mezclan y se refuerzan la violencia criminal de empresas ilícitas y del Estado, la violencia entre organizaciones criminales y dentro de las mismas y la violencia ejercida contra combatientes y contra la población civil.

“Con toda la distancia que media entre los mundos de la violencia desde arriba y de la violencia desde abajo, en guerras civiles los ciudadanos enfrentan dilemas morales similares a los que enfrentan en dictaduras.¿Qué es lo que saben de actos o campañas de violencia criminal? ¿Qué es lo que quieren saber? ¿Qué postura toman? ¿Qué hacen para impedir la violencia criminal? ¿Hacen todo lo que pueden? No hay respuestas fáciles, ni ante las dictaduras ni en las guerras civiles. El miedo y la impotencia son excusas de peso, pero nunca son sencillas ni certeras ni definitivas. No disuelven los dilemas morales. Más bien los crean.

“En guerras civiles, las responsabilidades son más difusas, dispersas, opacas. No hay un dictador central con su burocracia represiva quienes actúen como responsables de la violencia criminal. Los actores de la violencia son muchos y generalmente están ocultos. Peor aún, las líneas divisorias entre ellos tienden a ser borrosas. Las redes criminales se incrustan en el Estado y se expanden en la sociedad. Los reclamos de paz y justicia, por tanto, no tienen destinatarios claros. Se dirigen al Estado, por su fracaso de dar protección, pero también a los actores sociales quienes se erigen en soberanos privados sobre la vida y la muerte”. Puede consultar el documento completo aquí.

La semana pasada, y a pesar de que debido a hechos delictivos tuvo que acudir de emergencia a Tamaulipas, el secretario de Gobernación declaró que México tiene los mejores niveles de seguridad de los últimos diez años

El gobierno federal no se debería dar el lujo de reducir “el problema” de la inseguridad al registro de los homicidios dolosos, que siguen a la baja como desde 2012.

La administración que se ha afanado en señalar que la violencia está focalizada, o que se da en regiones específicas, debería escucharse a sí misma en esa categorización.

En el gobierno federal saben mejor que nosotros en cuánto asiste la razón a Schedler cuando formula que estamos en una guerra que son muchas guerras, y que las motivaciones de éstas son las ganancias materiales.

Comenzar a reconocer que ya no estamos sólo en “la guerra contra el narco”, vuelve imperativo el discutir los tipos de violencia que enfrentan los mexicanos, y sus probables soluciones, más cuando en el gobierno de la República renace otra vez la tentación del discurso del triunfalismo.

Twitter: @SalCamarena

También te puede interesar:
¿Hay una guerra civil en México?
Jaque a un virrey del sur
Hospital de Cuajimalpa, un homenaje incompleto