Opinión

Desgaste ondulatorio

Gil Gamés cavila: algunas cosas se llaman por su nombre, otras se llaman con nombres muy extraños, misteriosos. El reporte final de la comisión investigadora de la Asamblea Legislativa acerca de las fallas de la línea 12 del Metro señala que el desgaste ondulatorio se debe a omisiones multifactoriales que involucran al consorcio constructor ICA-Carso-Alstom, al Proyecto Metro y al Sistema de Transporte Colectivo.

Oigan esto: “se considera que el desgaste ondulatorio, causal del problema en proceso de investigación, se deriva de omisiones multifactoriales. Es evidente que uno de los factores fundamentales del acelerado proceso de desgaste ondulatorio es la falta oportuna de mantenimiento predictivo, preventivo y correctivo”. La verdad sea dicha, Gil también ha tenido problemas con lo predictivo y con lo preventivo.

Tenemos problemas con el lenguaje. Desgaste ondulatorio ¿quiere decir que la línea 12 está mal hecha y que sus defectos pusieron a los usuarios en peligro de sufrir un accidente fatal? Veamos ahora lo que quiere decir “omisiones multifactoriales”, si Gil Gamés entendió bien se trata de repartir la culpa por partes iguales, pero como pasa siempre con la igualdad, hay unos más iguales que otros.

Por lo que toca a las omisiones, Gil supone que la palabra se refiere a no hacer bien las cosas, simple y llanamente hacerlas con los pies.

Las palabras

Veamos: usted camina por la calle, mete el pie en un hoyo, resbala, cae, se rompe un tobillo. Usted analiza el hecho y concluye, con el pie enyesado: un desgaste ondulatorio del piso me arrojo pecho a tierra; por lo demás, una omisión multifactorial a la cual también se le llama hoyo, bache, oquedad, dio al traste con la marcha y el rumbo.

El documento de marras (¿quién es marras?) Gil lo leyó en su periódico Milenio: el mantenimiento predictivo, caracho. En un documento de 48 páginas se muestra que no hubo compatibilidad entre la obra y la entrega de los trenes. Una maravilla, lean esto: “realizar las contrataciones de obra con el Proyecto Metro y el material rodante con el STC generó confusiones, que propiciaron que no hubiera coordinación ni tiempo sobre todo para realizar pruebas de compatibilidad”.

Según alguna versión, lo primero que entregaron fue elefantes africanos. Por suerte personas no ajenas al proyecto dijeron que viajar dentro del elefante era difícil y caro. Un trascendido indica que se devolvieron los elefantes y se mandaron traer vagones de rodada grande, tan grande que no encajaba en el riel. La cosa no para ahí (no empecemos), “la falta de coordinación adecuada para regular la velocidad de los trenes férreos en la zona de curvas no tuvo mantenimiento oportuno”. Gamés se pregunta si la velocidad es en sí misma un problema. A veces, cuando Gil va como la bala, nadie lo detiene y nada es “predictivo”.

Un capricho


En el documento de análisis puede leerse esto: “en el trazo de las líneas existen líneas caprichosas, lo cual es un error y no se cumplió con la velocidad que se requería, se mantuvo a 70 kilómetros por hora y se dependía de manipularle dependiendo de los tramos. Eso es atribuible a la actual administración del Metro, ya que si sabía que había curvas caprichosas y existía un desgaste ondulatorio, no había un trabajo preventivo”.

Todo es muy raro y preventivo
. Las ruedas, el riel, los vagones, las curvas caprichosas, la ausencia preventiva. Ah, Dioses del capricho. Nadie sabe, nadie supo, la vida sube, la vida baja, la navaja. De verdad, qué ganas de jugar al tío Lolo. Y bien, Marcelo Ebrard le ha dicho a Ciro Gómez Leyva que no se esconde de nadie.

La verdad, esa bravuconería no sirve de nada, más bien, Marcelo debería estar escondido en un clóset. ¿No es razón suficiente la obra malograda de un gobierno? Me salió pésima la línea 12, ni modo, pero aquí estoy a la luz del sol. ¿No le da pena?

La máxima de Séneca espetó dentro del ático: “El lenguaje de la verdad debe ser, sin duda, simple y sin artificios”.

Gil s’en va