Opinión

Desestabilización de los mercados laborales

 
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Campo. (Imagen Agropecuaria)

La estrategia migratoria del presidente Trump generará una desestabilización, por decirlo en términos suaves, de los mercados laborales tanto en Estados Unidos como en México, en especial para la oferta de mano de obra en varios sectores de la actividad económica.

Más allá de cómo se materialice dicha estrategia en términos del número de trabajadores indocumentados que sean deportados —de acuerdo con la información disponible, entre el 20 de enero y la tercera semana de febrero los trabajadores mexicanos deportados fueron del orden de 11 mil 500, número no muy distinto al promedio registrado en 2016 para un periodo similar— el embate mediático e informativo está generando pánico entre la población con estatus ilegal y los trabajadores indocumentados en ese país, lo que empieza a propiciar ausentismo e irregularidades en las jornadas laborales, así como cambios de trabajo en empresas (rotación) y zonas geográficas.

Incluso, se ha intensificado el retorno 'voluntario' de migrantes sin documentos, tendencia que se observa desde hace varios años.

Los dos efectos desestabilizadores serán una escasez relativa de mano de obra en Estados Unidos (EU) y una presión para la generación de empleo en México, que se sumará a la ya existente. De acuerdo con The Pew Charitable Trusts a partir de información del US Bureau of Census, en 2014 había 23.8 millones de trabajadores migrantes en EU a nivel nacional, de los cuales 11.1 millones eran indocumentados. De estos últimos, se estima que 5.9 millones son mexicanos (www.pewhispanic.org).

Los sectores de la economía estadounidense donde el empleo indocumentado es más importante son: agropecuario, con 17 por ciento del empleo total del sector; construcción, 13 por ciento; esparcimiento (restaurantes y hoteles), 9.0 por ciento; servicios empresariales y profesionales (jardinería, recolección de basura, tintorerías, salones de belleza y lavado de autos, entre otros), 7.0 por ciento; y manufacturas, 6.0 por ciento. Sobra decir que esas son las actividades económicas que más padecerían con la falta de mano de obra indocumentada. De hecho, ya empiezan a reportarse problemas en la recolección de las cosechas de papa (Idaho, Carolina del Norte), hortalizas (California, Colorado, Nevada, Oregon, Texas y Washington), berries (California) y producción de leche (Wisconsin), así como en varias ciudades en el sector construcción (Nueva York, Dallas y Chicago).

Por otra parte, los migrantes sin autorización para trabajar legalmente se concentran en los siguientes sectores: servicios empresariales, que incluyen servicios profesionales, con 22 por ciento del total de trabajadores indocumentados; restaurantes y hoteles, 18 por ciento; construcción, 16 por ciento; manufacturas, 13 por ciento; comercio al mayoreo y menudeo, 12 por ciento; agropecuario, 5.0 por ciento; y otros sectores, 14 por ciento. Si se aplican esos porcentajes al número de trabajadores mexicanos, resulta que 1.3 millones de connacionales sin documentos trabajan en servicios; 1.1 millones en restaurantes y hoteles; 940 mil en la construcción; 770 mil en la industria manufacturera; 700 mil en el comercio; 295 mil en el sector agropecuario; y 830 mil en otras actividades.

Aunque los trabajadores deportados no necesariamente regresarían a laborar en los mismos sectores en los que estaban en EU, ello ejercería presiones (búsqueda de empleo y desempleo) en los mercados laborales de México. Como referencia, los indocumentados representan 4.0 por ciento del personal ocupado total en el sector primario en el país, pero 45 por ciento del registrado en el IMSS en dicho sector; 9.0 por ciento en las manufacturas (15 por ciento de los afiliados al IMSS); 21 por ciento en la construcción (63 por ciento de los que están en el IMSS); 7.0 por ciento en comercio; y 28 por ciento en restaurantes y servicios de alojamiento.

En general se trata de trabajadores que han adquirido experiencia y capacitación en el trabajo en EU, lo que implica que acumulan un capital humano que sería complicado seguir utilizando en México, con el riesgo de que se dilapide. En su caso, quedaría en las empresas y autoridades de este lado de la frontera establecer programas para aprovecharlo.

Twitter: @ruizfunes

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