Opinión

Desde la fe

Atención jerarquía católica mexicana con la visita del presidente Enrique Peña Nieto a El Vaticano. Será la primera vez que un jefe de Estado rompe con las simulaciones del pasado y no busca el pretexto o la coartada de una visita a Italia para escaparse por la puerta de atrás a ver al Papa. El Palacio del Quirinal no está en la agenda presidencial en esta ocasión, donde el único objetivo de Peña Nieto es el encuentro con el Papa Francisco. El mensaje deberá de ser claro a la Iglesia católica mexicana: la relación entre los dos Estados es muy buena, pese a la beligerancia de sus jerarcas en México que pretenden entrometerse, como nunca antes, en temas de política interna.

La principal arma que han utilizado los cardenales y obispos mexicanos es el semanario Desde la Fe, que cada semana distribuye 655 mil ejemplares en las principales ciudades del país, y llega de manera directa como encarte de los periódicos La Prensa y ESTO. Desde que arrancó el gobierno de Peña Nieto, el vocero de la Iglesia católica mexicana no ha dejado de entrometerse en los asuntos que, por ley, están impedidos. Por ejemplo, en su editorial del 14 de julio del año pasado, señaló:

“Se ha notado una vez más la intervención de algunos gobernadores que siguen comportándose como verdaderos señores feudales en sus estados ante la negligencia del gobierno federal y ante la incapacidad de los organismos electorales estatales que prácticamente están bajo su control... El caso más delicado que nos muestra la debilidad y desorganización ha sido la elección de Baja California, donde no han sido capaces ni siquiera de llevar a cabo el recuento inmediato de las actas de las distintas casillas el día de la elección, generando con ello sospechas y desconcierto, retrocediendo a niveles inaceptables que ya creíamos superados”.

El 9 de diciembre, la Arquidiócesis Primada de México fustigó al presidente Peña Nieto en otro editorial del semanario Desde la Fe: “¿Dónde quedó la promesa de campaña –de la actual administración federal– de desaparecer al menos 100 diputaciones federales y 32 asientos en el Senado? ¿Será que otra vez le apostaron a la falta de memoria de los mexicanos?”, le reprochó. “Para unos cuantos ya se hizo realidad el ‘sueño imposible’ de la reelección, pero esto sin duda es una mala noticia para la inmensa mayoría de los mexicanos que verán aún más postergado su ‘sueño imposible’ de contar con gobernantes que tengan miras más elevadas y que realmente trabajen, no por sus propios intereses, sino por hacer de México un país más justo y próspero”.

El 30 de abril pasado, tras la 97 Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Mexicana, donde tuvieron como invitado a Peña Nieto, el presidente de la CEM, José Francisco Robles Ortega, cuestionó en una rueda de prensa que las reformas estructurales beneficien realmente a los más desfavorecidos. "¿Qué garantizará que la reforma política consolide una auténtica democracia y una real participación ciudadana, que supere las artimañas de los más habilidosos para lucrar con el poder?”, dijo. “¿Qué garantizará que la reforma energética haga que los recursos del país se inviertan para superar los graves atrasos de gran parte de la sociedad mexicana, y que las inversiones públicas o privadas, nacionales o extranjeras sean promotoras de progreso social, humano, comunitario, y cuidadosas del medio ambiente, por encima de intereses particulares?”.

Robles Ortega dijo que los prelados están preocupados de que las reformas sólo sirvan para beneficiar a quienes están acostumbrados a “depredar” los bienes nacionales, o que algunas, como la fiscal, ayude más a quienes lucran con los recursos del país y en la maraña en la que se ha convertido, les ayude a evadir al fisco. La jerarquía eclesiástica ha mantenido una línea sistemática de crítica y acorralamiento del gobierno federal. El propio cardenal Norberto Rivera, durante la misa Crismal el Jueves Santo el 17 de abril pasado, afirmó: “México es un país crucificado por la pobreza, la violencia y la corrupción. Tres clavos que se hunden al fondo de la carne de Cristo… La Iglesia, si quiere ser fiel a su Señor, no puede permanecer indiferente ni indolente ante el sufrimiento de nuestro pueblo. De lo contrario, perdería su razón de ser”.

La jerarquía católica mexicana habla con el lenguaje de los pobres, que evocan las posiciones de quienes en los 80 predicaron la Teología de la Liberación. Pero no son sus herederos. Los líderes de la Iglesia católica mexicana pertenecen a una generación de prelados vinculados a las oligarquías, con intereses políticos y económicos específicos. Quieren ser parte de las decisiones sociales y educativas, imponer candidatos a puestos de elección popular y tener medios de comunicación. Exigen prebendas y privilegios fiscales, y han estado probando la tolerancia del gobierno. Esta visita ex profeso a El Vaticano debe servirles como una llamada de atención, aun para aquellos jerarcas católicos ensoberbecidos y desafiantes que quieren tensar el sistema, como no se había hecho desde que se metieron a hacer política en Chihuahua en las elecciones de 1986, cuando el Estado mexicano los regresó al lugar donde legalmente deben estar. La historia es cíclica. A ellos, menos que a nadie, se les debe olvidar.