Opinión

Desde el sur, una trayectoria y posibilidades distintas


 
Dentro de sus contradicciones y sus estrechos márgenes de maniobra, Jorge Mario Bergoglio posee una trayectoria diferente a la de Benedicto XVI; es un teólogo conservador, pero también un hombre con fuerte conciencia social, que ha denunciado la 'inmoralidad y la injusticia' de la creciente brecha entre ricos y pobres.
 
Como si quisiera reformar de raíz una institución milenaria que enfrenta en la modernidad una de sus crisis más graves, que no se límitan ni de lejos a los escándalos de pederastia y de corrupción en la curia, al adoptar el nombre de Francisco para su papado, el clérigo nacido hace 76 años en Buenos Aires se ha caracterizado a lo largo de su carrera por la humildad propia de los jesuitas -considerados el ala progresista del clero-, practicada sin aspavientos en el seno de una de las iglesias más tradicionalistas de América Latina.
 
Uno de los 5 hijos de un trabajador ferroviario de clase media que emigró de Italia, perdió un pulmón por una infección a los 22 años, estudió química en la universidad bonaerense e ingresó a la Compañía de Jesús en 1958. Más tarde se especializó en filosofía y literatura, para ser ordenado sacerdote en 1969. Completó su tesis en Alemania y ya como obispo para el este de Argentina, Juan Pablo II lo elevó al cuerpo cardenalicio en 2001.
 
Para entonces, de acuerdo con su biógrafa Francesca Ambrogetti, ya había demostrado la vocación de un monje, con un estilo de vida sobrio y austero que se reflejó en su decisión de vivir en un pequeño departamento, utilizar el transporte público, cocinar sus propios alimentos, volar en clase turista a Roma y pedir a sus seguidores, al ser designado cardenal, regalar dinero a los pobres en lugar de viajar a la ciudad eterna.
 
"Es absolutamente capaz de emprender los cambios necesarios sin saltar a lo desconocido. Será una fuerza de equilibrio", pronosticó Ambrogetti a Reuters, tras señalar que "comparte la opinión de que la iglesia debe jugar un papel de misión, de salir a la calle y ser activa. Una iglesia que no regula tanto la fe como la promueve y la facilita".
 
Autor del libro Sobre el Cielo y la Tierra, el primer Papa no europeo de la era moderna -otros fueron bereberes, procedentes del norte de África-, que habla italiano y alemán, trabajó en la curia dentro de cuatro congregaciones, pero se habría mantenido apartado de las pugnas internas a diferencia de Joseph Ratzinger, por aquellos años poderoso prefecto para la Doctrina de la Fe, que encubrió los abusos sexuales del clero, y se concentró en las comisiones para América Latina y la Familia.
 
Oscuro
 
Ajeno a esos escándalos, el Papa Francisco, sin embargo, arrastra un lado oscuro, que ayer recordaba The Guardian, al indicar que su carrera despegó en los años de la dictadura y la guerra sucia en Argentina, que se cobró 30,000 vidas. Mientras que el martes se dictó sentencia de cadena perpetua en Buenos Aires al exgeneral Reynaldo Bignone, último de los gobernantes militares, en El Silencio el periodista Horacio Verbitsky asegura que Bergoglio ordenó retirar la protección de los jesuitas a dos miembros de la compañía que se habían negado a suspender sus visitas a las ciudades perdidas o villas miseria de la capital, lo que facilitó su detención y encarcelamiento durante cinco meses.
 
Además, Jorge Mario Bergoglio habría ocultado a prisioneros políticos de la Marina en su residencia de descanso ubicada en la isla de El Silencio, en el río de la Plata, justo mientras una delegación de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos visitaba Argentina.
 
Ya en democracia, sus relaciones con la presidenta Cristina Fernández de Kirchner no han sido las mejores. En 2010, se opuso a la legalización del matrimonio gay y recalcó que era "un intento para destruir el plan de dios". Ha rechazado asimismo la adopción por parejas homosexuales, al considerarlas una forma de 'discriminación contra los menores', si bien asentó que el uso del condón 'puede ser permisible' para evitar enfermedades, luego de lavar y besar los pies de pacientes de sida en un hospital.
 
De igual manera, ha tachado de 'hipocritas' a los sacerdotes que se niegan a bautizar a niños nacidos fuera del matrimonio y subrayó que "los derechos no sólo son violados por el terrorismo, la represión y el asesinato, sino también por estructuras económicas injustas, que generan enorme desigualdad".
 
Cercano al movimiento italiano Comunión y Liberación, que en contraste fue criticado por otro jesuita, Carlo Maria Martini, arzobispo milanés que también disputó a Ratzinger el papado en 2005, Bergoglio entra de lleno a la historia por el carácter inédito de su procedencia geográfica. Para sellar en sus mejores páginas el nombre de Francisco, tendrá, como afirma The Tablet, que demostrar la capacidad de gobierno de Pío XII o de Pablo VI; la calidez de Juan XXIII y el carisma evangélico de Juan Pablo II.