Opinión

“Desconstitución” de México

 
1
 

 

Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. (Archivo)

México necesita una Constitución. La que mañana cumple 99 años, ni organiza a la federación, ni garantiza los derechos de los gobernados ante los gobernantes, ni define la soberanía del país en la economía global; es punto menos que letra muerta, lo cual ha “desconstituído” al país, esto es, se ha perdido rumbo, el Estado de derecho no es eficaz y las instituciones que deben cumplir y hacer que se cumpla la Constitución, son desconfiables. El Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM propone una solución provisional.

Decíamos en este espacio hace meses que desde un punto de vista sociológico, “la Constitución Política constituye a la nación a condición de que sea el compendio de los objetivos del proyecto nacional, de los derechos ciudadanos, y de las responsabilidades y facultades de los gobernantes” (El Financiero, 5/11/2015).

Esa cualidad compendiadora no se cumple. ¿De qué propósitos nacionales podemos estar orgullosos hoy por hoy los mexicanos? ¿Qué derechos tenemos garantizados en este clima de inseguridad y corrupción rampantes?

Desde el punto de vista de un destacado constitucionalista como es Diego Valadés, una causa del desdibujamiento de la que debería ser nuestra ley suprema es que “en un siglo pasamos de tener una Constitución del pueblo, a la Constitución de la élite gobernante y, luego, de la élite económica internacional”. (Reforma, 31/01/2016).

Debido a ese alejamiento de su espíritu original y además, a la falta de rigor técnico con que han sido reformados 114 de sus 136 artículos, la Constitución, dice Valadés, cumple mal sus tres funciones: “regir la organización del poder federal, estatal y municipal; regular las relaciones entre gobernados y gobernantes, y normar las relaciones entre los individuos”.

En síntesis, nuestra Constitución dejó de ser socialmente útil (la inseguridad pública y la extrema desigualdad son prueba de ello) y los gobernantes la han adecuado a sus intereses (la impunidad de los corruptos y la partidocracia son dos ejemplos).

No menos importante es que la manera en que se ha concebido la inserción de las finanzas, de la producción y del comercio del país en la economía global, requirió profundas reformas constitucionales que erosionaron la soberanía nacional (se ha enajenado el manejo del ahorro social a favor de bancos que cobran en México intereses y comisiones que en sus países de origen no les permitirían). Está por ocurrir lo mismo con la energía, pasándose por alto que ahorro y energía son dos recursos cruciales, sustantivos de la capacidad soberana para orientar el rumbo del desarrollo nacional a los que ningún país que se respeta, renuncia.

México necesita una nueva constitucionalidad; “si eso se traduce en una reforma profunda de la actual Constitución, o en un nuevo texto constitucional, eso es simplemente una decisión estratégica”, dice Valadés. La estrategia tiene que considerar que los partidos políticos no gozan de la confianza indispensable para encargarles la tarea de reconstituir a la nación con un sentido más democrático, equitativo e incluyente.

Valadés ofrece una solución provisional que ha desarrollado el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM: “reordenar y consolidar el texto vigente” es decir, depurarlo y hacerlo legible para tener “una versión de la Constitución que luego permita hacerle las numerosas adecuaciones que exige una democracia madura (Reforma 02 Feb. 2016).

http://estadoysociedad.com

También te puede interesar:

No siempre se han trabajado 40 horas semanales

El TPP, una guía para atisbar al futuro

¿Hay culpables de la crisis?