Opinión

Descifrando al presidente Trump

  
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Donald Trump. (Reuters)

El resultado electoral del pasado 8 de noviembre nos tomó a todos por sorpresa, incluso al propio Donald Trump.

Su campaña fue una especie de movimiento de reivindicación de la clase trabajadora blanca. Su discurso se centró en atacar con inclemencia a una serie de políticas, países y personas. Sabemos sobre sus promesas de campaña, pero muy poco acerca de sus propuestas de gobierno, por lo que sus primeros días como presidente electo han sido escudriñados con enorme celo.

¿Qué hemos aprendido hasta ahora de Trump, el presidente electo?

Ha mostrado tres elementos principales: primero, será un líder que apuesta por el drama; segundo, el estilo personal del Ejecutivo podría tener múltiples adjetivos, pero destacan dos -protagonismo e imprevisibilidad-; y, tercero, se hará acompañar de un equipo de gobierno que, por sus primeros nombramientos, puede ser calificado de deplorable.

Los dos primeros elementos, drama junto con su estilo protagónico e impredecible, se refuerzan mutuamente y permiten augurar una presidencia de enorme volatilidad. Como bien señalan Philip Rucker y Marc Fisher de The Washington Post, “bienvenidos al nuevo estándar de Washington: un drama tras drama de Trump”.

Sus primeros días como presidente electo han sido un transcurrir de una crisis a otra. Su muy esperada reunión con The New York Times, pues no ha dado ninguna conferencia de prensa, fue caótica: un cambio de horario, el propio día del encuentro publicó un mensaje en Twitter arremetiendo contra el “fracasado” periódico. Finalmente llegó a la cita con un tono ampliamente conciliatorio. Sin embargo, un día antes se había reunido con un grupo de directores de medios de comunicación y personalidades de la televisión para tener una plática off the record.
Trump jugó con ellos y algunos medios describieron la junta como un “fusilamiento” del presidente electo contra los altos ejecutivos de la industria.

Trump también se saltó a la prensa para anunciar vía YouTube sus primeras acciones como presidente y su intención de sacar a Estados Unidos del Tratado Transpacífico (TPP por sus siglas en inglés).
También evitó los canales diplomáticos e incluso se entrometió en la política exterior de uno de los grandes aliados de su país al sugerir vía Twitter que Nigel Farage, quien encabezó el Brexit, sería un gran embajador de Reino Unido en Estados Unidos.

En su segundo fin de semana como presidente electo, decidió realizar una serie de entrevistas para formar su gabinete. El escenario fue la Trump Tower y su campo de golf en Nueva Jersey. El protagonista era él. Salía a recibir y despedir candidatos a la elegante rotonda. Parecía un largo y bien televisado besamanos en que amigos de la campaña como el exalcalde Rudolph Giuliani o enemigos declarados como Mitt Romney, exgobernador de Massachusetts y candidato presidencial republicano, venían a rendirle pleitesía al nuevo César.

El estilo de Trump protagónico y mercurial continúa fascinando a los medios, los que claramente lo catapultaron a la Oficina Oval.

En lo relativo al tercer elemento, los primeros nombramientos son lamentables. Es altamente preocupante que un abogado racista vaya a encabezar el departamento de justicia; se trata de Jeff Sessions, senador por Alabama. Su lealtad ha sido recompensada -fue el primer senador en anunciar su apoyo a Trump-. Antes de llegar al Senado en 1997, fungió como el procurador general del estado de Alabama. En sus casi dos décadas en el senado se ha distinguido por su posición antimigratoria. En 1986 fue nominado por Reagan como juez federal, pero su nominación fue rechazada por alegatos racistas.

El nombramiento del general Michael Flynn, como el consejero de seguridad nacional, es peligroso para la paz del mundo. Tuvo una destacada carrera en servicios de inteligencia, culminado como director de la agencia de inteligencia, donde fue despedido por Obama. El puesto de consejero de seguridad nacional se ha reservado generalmente para grandes conocedores de la materia con una personalidad sumamente ecuánime, pues el consejero es el encargado de hacerle llegar al presidente las distintas alternativas sobre la guerra y la paz.

En cambio, Flynn y Trump comparten varios rasgos personales; entre otros, su tendencia a los estallidos y comentarios escandalosos. En su discurso en la Convención Nacional Republicana, invitó a la multitud a corear “¡enciérrenla!”, refiriéndose a Hillary Clinton. En su libro The Field of Fight, Flyn acusa al islam de no ser una religión, sino una ideología política cuyo propósito es destruir la civilización judeocristiana.

A México tendría que preocuparle enormemente el nombramiento de Kris Kobach como asesor de migración en la transición y con posibilidades de encabezar el Departamento de Seguridad Interna.

Kobach es bien conocido como el cerebro de las legislaciones estatales antimigratorias como la SB1070 de Arizona. En 2012, como consejero del candidato republicano Mitt Romney, propagó una idea para solucionar el problema migratorio del país: tomar medidas para dificultar la vida de un inmigrante indocumentado dentro de Estados Unidos para así lograr que se autodeportaran.

Trump, presidente electo, está demostrando que la pesadilla no terminó el 8 de noviembre pasado. Apenas está comenzando.

Twitter: @RafaelFdeC

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