Opinión

Desafíos para 2015: ejemplos de México, América Latina y Cuba

En 2014, México y América Latina y el Caribe fueron escenario de notables acontecimientos que marcarán, sin duda, su historia. Destacan por su dramatismo e importancia regional y global los acontecimientos de Ayotzinapa y Tlataya para México, el deterioro de una repetida etapa de crecimiento con base a exportaciones de commodities de América Latina y la apertura de nuevos espacios de convivencia entre Cuba y los Estados Unidos. Todos estos hechos abren muchas discusiones, algunas viejas y otras nuevas, y reflexiones sobre las cuales se han apuntado algunas respuestas pero, la mayoría de ellas, permanecen como discusiones abiertas.

En el caso mexicano, la violencia auspiciada desde muchos frentes, incluido el Estado, tuvo su punto de inflexión en el casi seguro asesinato de 43 estudiantes normalistas y la apertura de una Caja de Pandora de crímenes que aún no conoce fin. En las últimas semanas, a la crisis política se han adicionado asuntos económicos que no hacen sino sumar presión a la desajustada situación social. Pareciera como si el modelo mexicano estuviera podrido y a cada momento, y por donde lo aborde uno, no hace más que saltar la pus de la infección.

En lo político, un régimen en manos de una clase política pluripartidista, pero toda ella desacreditada, y en muchos casos corrupta, ya sea desde sus estructuras partidarias hasta transitando por los individuos. En todos los partidos predomina la corrupción y visiones de país que pasan desde entregar los destinos a lo exógeno que se considera moderno y eficiente hasta aquellas que recuerdan historia antigua, que también no funcionó. El Estado mexicano de los últimos treinta o cuarenta años ha sido disfuncional a la sociedad mexicana. La ha conducido por derroteros verdaderamente equivocados con la única explicación de que o necesitamos esperar más para que la receta surta efecto, o faltan, todavía, más reformas para ahora sí entrar en el rumbo correcto.

Lo cierto es que la economía y sociedad mexicana son, en los “tiempos modernos”, una sonada cadena de fracasos que arroja un saldo como el que hoy nos retrata el 2014: pobreza, crecimiento denegado, asociación de Estado con delincuentes, ninis in crescendo y más. Y, desafortunadamente, a todo ello se suma una sociedad pobremente organizada incapaz de ofrecer, desde su horizonte, respuestas efectivas y aplicables. El Estado falla y la sociedad civil no puede con el problema. Para 2015, parece que avisoramos la continuación de las dolencias sin alternativas, o peor, con sus agravantes. Parece difícil pensar que en México en este año que se avecina podamos tener una revuelta social que ofrezca una primavera política, con nuevos planes económicos. Por desgracia, parece, en julio del año próximo habrá que leer en los periódicos que el PRI arrasó, y todo lo que ello conlleva.

Para América Latina, el 2014 marca, aparentemente el final, o al menos el deterioro, de una etapa que parecía hace tiempo abandonada, es decir crecer con base a exportación de materias primas. El capitalismo internacional le volvió a jugar la misma pasada que en el siglo pasado de deteriorar los términos de intercambio a economías que, nuevamente le apostaron a esta estrategia para crecer, y lo lograron por un tiempo. Centroamérica, Perú, Ecuador, Bolivia, Argentina, en parte Brasil y México, Uruguay y de más, pusieron los huevos de la canasta del crecimiento en exportar petróleo, minerales y granos. El gran cuestionamiento es: ¿podrán dejar de hacerlo? ¿Serán, como lo propuso Prebisch en su momento, y más recientemente nuevamente la Cepal, crecer con base en exportaciones de mayor valor agregado y tecnológico? ¿Qué estrategias y planes hay disponibles para lograrlos? Las respuestas no parecen claras. Es más, no existen. Y en el 2015, el deterioro de los términos de intercambio va a significar por lo menos dos cosas. Una, resiliencia de la pobreza a permanecer o ahondarse y, dos, giros políticos indeseables en aquellos países, como la Argentina, en dónde se avecinan procesos electorales. La Argentina, muy probablemente, va a dar vuelta a la derecha.

Por lo que al tercer evento de gran importancia respecta, la anunciada apertura política entre Cuba y Estados Unidos, el tema merece toda nuestra atención. Sin duda, la decisión de Obama corresponde a la de un político audaz que toma la iniciativa en un tema delicado y lo hace en un contexto calculado internamente, es decir favorable. Hace tiempo que era obsoleta la postura de seguir intentando negar la existencia y presencia de Cuba en el mundo. De hecho, el tema, en la práctica, recibía un tratamiento un poco cínico. El bloqueo operaba en ciertos aspectos pero, en otros, al estilo de lo hecho por los españoles con respecto a sus colonias, recibía el tratamiento de promúlguese, no cúmplase. Ciertos niveles de comercio existían entre ambos países, particularmente de los Estados Unidos hacia Cuba, y el gobierno cubano recibía, cada vez más, más turistas norteamericanos y crecientes cantidades de dólares provenientes de remesas de cubanos residentes en los Estados Unidos y en otros países.

El tema es importante no solo porque abre nuevas posibilidades en esta emblemática relación sino porque pone, otra vez, en el centro de la discusión y de las decisiones que se están adoptando en Cuba, el qué hacer con una economía y una sociedad que está trabada, en parte de los asedios externos, y en parte, también, y tal como lo dicen los cubanos en la calle, por el bloqueo interno. Aunque es difícil reconocerlo, y en el discurso político es entendible, los dirigentes cubanos le están abriendo espacios al mercado para permitir varias cosas. Una es desatar la empresarialita que innova, que puede auspiciar el desarrollo. Hoy en Cuba es posible observar como los pequeños agricultores, los artesanos, los restauranteros y las personas relacionadas con el sector turismo crecen en sus actividades y generan atractivos excedentes. En segundo lugar, le ahorran al Estado Cubano recursos que urgentemente necesitan para otras asignaciones. Y todo esto, es posible, tal y como bien lo dice el presidente Raúl Castro, sin perder su esencia socialista que básicamente, en lo interno, significa asegurarle a todos los ciudadanos, tal y como lo ha hecho a lo largo de décadas, salud, educación, alimentación y seguridad.

El posible levantamiento del bloqueo y el nuevo tipo de trato entre Cuba y los Estados Unidos debe significar, sobre todo para Cuba, la posibilidad de romper ataduras de distinta índole para, sin perder su ser esencial, avanzar hacia niveles de desarrollo más amplios, que son urgentes en varios sectores de la economía y la sociedad.

En suma, 2015 nos promete una carga compleja que no auspicia alegría o celebración para México y América Latina. Para Cuba abre interrogantes a las que habrá que esperar que respuestas se ofrecen. Que venga el 2015.