Opinión

Desafían impresoras 3D derechos de Propiedad Intelectual

 
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Impresora.

La llegada de las impresoras 3D a las tiendas de autoservicio, en todos los rincones del mundo, hace que la discusión sobre los derechos de propiedad Intelectual involucrados en su operación pase, del supuesto y la especulación, a la urgencia de regulación.

Para muchos analistas, el asunto no difiere de tantos más documentados a lo largo de la historia, de máquinas copiadoras en las diversas industrias que han causado un efecto disruptivo y que a la larga han alcanzado un nivel aceptable de reordenación. Sin embargo, en algunos casos como el de las fotocopiadoras, los daños originados a la industria editorial nunca han sido superados y, de hecho, se siguen causando cotidianamente.

Otras industrias, como las del consumo de música y películas a través de internet, han logrado arribar a escenarios aceptables de administración de sus mercados, a través de propuestas tecnológicas que han emulado la eficiencia de los sitios ilegales. Casos como “itunes” y “Netflix” son ya emblemáticos de la cruzada mundial contra el tráfico ilegal de derechos autorales.

La impresoras 3D que están ya disponibles junto a las verduras y las cafeteras, son máquinas que a partir de archivos conocidos como Diseño Asistido por Computadora (CAD), tienen la capacidad de replicar objetos reales como se aprecian en la pantalla; tanto en hardware como en software, existen ya versiones económicas disponibles y millones de usuarios se encuentran ensayando las interminables aplicaciones que esta tecnología permite.

Estos objetos pueden copiar otros, como partes de algún equipo o pieza particular que pudiera estar protegida por derechos de autor, marcas tridimensionales, patentes o registros de modelo, permitiendo a bajo costo replicar piezas que previamente solo podían ser fabricadas bajo métodos costosos que impedían su falsificación. Esta tecnología permite crear los planos a partir del propio objeto empleando un scanner 3D, o bien con archivos que son vendidos o transmitidos ilegalmente por la red.

En industrias como la joyería de bisutería, los objetos producidos por impresión 3D empiezan a ser ya una opción natural, que no sólo evita tener que contar con inventarios, sino que ofrece al comprador la opción de personalizar su propia pieza y observar su proceso de manufactura, otorgando a esta industria una flexibilidad nunca antes vista. La lista de aplicaciones empresariales para toda clase de impresoras es interminable, en lo que apenas se asoma como uno de los nuevos derroteros tecnológicos de la historia.

Desde luego que una de las primeras ideas que han surgido para mantener bajo control la proliferación de diseños ilegales es la posibilidad de perseguir la venta ilegal de códigos y matrices en internet; sin embargo, el camino por recorrer es largo y los esfuerzos para hacerlo se perciben tentativos, frente al avance vertiginoso del mercado.

Twitter:@JalifeCaballero

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