Opinión

Derroche y prudencia

 
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Prácticamente diez días después de que el gobernador del Banco de México insistiera en la necesidad de hacer un ajuste al gasto público, sobre todo en Pemex, el Secretario de Hacienda anunció el tan esperado recorte. En un anuncio conjunto, el Dr. Luis Videgaray y el Dr. Agustín Carstens comunicaron la decisión de hacer recortes al gasto público y de incrementar la tasa de interés, entre otras.

Era un recorte necesario ante la disminución de ingresos fiscales derivados del petróleo que llevan evidenciando ya varios meses
–¿años?– nuestra dependencia fiscal a este insumo. Hay muchas letras chiquitas que habrá que leer con lupa. El cuestionamiento empieza con las decisiones tomadas el año anterior y plasmadas en el Presupuesto para este año. ¿Por qué se estimó para el Presupuesto un precio del petróleo de 50 dólares por barril cuando esa misma semana el barril ya estaba en 37? Tenemos coberturas, será la respuesta
–estamos protegidos ante posibles disminuciones posteriores en el precio–. Cualquiera diría que las coberturas son gratis, seguros que alguien amablemente nos otorgó por buena voluntad. Las coberturas cuestan y cuestan más en entornos volátiles como el actual. El año anterior ya se había hecho lo mismo. Se presupuestaron ingresos petroleros no reconociendo que el precio de mercado ya era inferior.

El recorte anunciado la semana pasada es de 132 mil millones de pesos, concentrándose en Pemex (con un recorte de 100 mil mdp). Todavía no sabemos qué pasará con esta empresa. Esta semana se llevará a cabo la reunión de Consejo y entonces conoceremos los recortes y ajustes financieros que se le harán. La situación financiera y laboral de Pemex es en extremo complicada. Es el momento de hacerle cirugía mayor a una empresa que le está restando crecimiento al país.

De los otros 32 mil millones, el Secretario de Hacienda anunció que 60 por ciento sería en gasto corriente y el 40 restante en inversión. Se recortan “actividades de apoyo administrativo” en diversas secretarías.

También se recortan recursos a la SEP para la expansión de la educación media y superior, al programa para el desarrollo de personal docente y el programa nacional de becas. Se cancelan proyectos de inversión, básicamente carreteras. Analizando los rubros del recorte, en ningún lugar se ven esos gastos superfluos que todos los ciudadanos vemos: no se ve ningún recorte en la publicidad gubernamental ni en los recursos que se le dan a los diputados para su uso discrecional.

Durante el anuncio se dijo en repetidas ocasiones que el impacto en el crecimiento económico sería marginal. Dado que la mayor parte del recorte sería en gasto corriente, casi no impactaría el crecimiento económico. Entonces, como dijo Isaac Katz, si el recorte no impacta el crecimiento, ¿por qué estaban presupuestados esos recursos en primer lugar?

México tiene un déficit primario desde 2009, es decir, un déficit antes de considerar el pago de intereses. Tener un déficit primario es de por sí preocupante, pero más preocupante es ver el ritmo de crecimiento que ha tenido en los dos últimos años. De 2014 a 2015, el déficit primario aumentó más de 10 por ciento, pasó de 197 mil 611 mdp a 217 mil 570 mdp. La deuda pública también crece, pero más que el crecimiento en sí, lo que preocupa es el ritmo de éste. En esta administración la deuda pública, medida a través de los requerimientos financieros del sector público, ha crecido en diez puntos como porcentaje del PIB.

En 2015 se anunciaron recortes. Sin embargo, México Evalúa señala que al cierre de las finanzas públicas de 2015 no se observa este recorte, pero sí se ve un incremento en el gasto de alrededor de 5.0 por ciento.

México ha vivido durante los últimos 25 años varias crisis y episodios de alta volatilidad. Sin embargo, algo que ha permitido ir sorteándolas es la estabilidad macroeconómica que tanto trabajo costó lograr. El gobierno no puede, no debe, vulnerar esta estabilidad. Tiene que dejar de ser irresponsable y hacer los ajustes a tiempo. Y a tiempo significa desde la formulación del Presupuesto. Si en este momento complicado no se muestra responsabilidad fiscal, se echarán para atrás años de avance macroeconómico. No podemos, ni debemos permitirlo.

La autora es profesora de Economía en el ITAM e investigadora de la Escuela de Negocios en Harvard.

Twitter: @ValeriaMoy

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