Opinión

Derechos

   
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Integrantes de la comunidad LGBTTTI realizaron una rodada ciclista para protesta sobre las acusaciones y las limitantes que existen sobre el matrimonio igualitario. (cuartoscuro)

En estos días el asunto más importante que discutimos, aunque a veces no nos demos cuenta de ello, son los derechos. Estoy convencido de que la gran transformación política mundial es la desaparición del binomio izquierda y derecha que está siendo sustituido por el polinomio 'derechista'. Ya no se trata de la disputa entre trabajadores y empresas por la distribución de las utilidades, sino del intento de múltiples grupos por convertirse en sujetos de algún derecho.

Esto significa que la agenda pública no está siendo construida por los políticos, ni por los grandes grupos de poder del siglo XX, es decir empresarios y sindicatos, sino que los temas surgen de la sociedad, a través de grupos organizados, y se multiplican entre redes sociales y medios de comunicación. Haga usted una lista de los temas de los últimos años, en México y el mundo: matrimonio de personas del mismo sexo, aborto, derechos de los animales, alimentos orgánicos, veganismo, legalización de drogas, bicicletas vs. autos, el rey peatón, etcétera. No se trata de temas similares en importancia, sino en su origen: grupos organizados, minoritarios, con habilidad para repercutir en redes y medios.

Fuera de estos asuntos, que son los que se llevan la mayor parte de la discusión pública en todas partes, seguimos atendiendo los resabios de la crisis de 2009, las consecuencias del derrumbe de Medio Oriente y el Magreb, y el cambio climático. Sin embargo, aun esos temas son tratados desde una perspectiva muy diferente a la que existía en el siglo XX, es decir, izquierda y derecha. En lo económico, el tema ya no es acerca de salarios y empleo, sino de algo llamado 'desigualdad'. En la migración, la vigencia o no del derecho de asilo. En cambio climático, multitud de grupos ambientalistas, defensores de animales, y varios otros, incluso de corte apocalíptico.

No opino ahora acerca de la razón que puedan tener o no los grupos, lo que me interesa es hacer notar que ya no hay dos opciones, sino una multitud. Hay quienes defienden una moral poco flexible en temas asociados al sexo, incluyendo aborto, mientras al mismo tiempo critican la concentración de la riqueza y el cambio climático; otros quieren legalización de drogas, pero alimentos orgánicos, y así hasta construir múltiples dimensiones en las que hoy tiene que moverse la política. Y no puede. Por eso ahora los políticos nos parecen peores que antes, sin serlo. Es simplemente un mapa muchísimo más complicado el que deben seguir, porque además, la agenda no la fijan ellos, como hemos dicho.

Ahora bien, el espacio de los derechos fue colonizado inicialmente por la izquierda, que al derrumbe del Muro de Berlín buscó ahí cobijo, y ampliaron en todo lo posible los derechos que les convenían. Excelente ejemplo de ello puede ser la Constitución que proponen en la Ciudad de México, en la que abundan derechos, para cualquier grupo imaginable, salvo el derecho a la propiedad. Ésta aparece en ocho ocasiones en dicho proyecto, dos de ellas acerca de impuestos, otras dos a desarrollo urbano, una más como propiedad intelectual, una referida a propiedad social, y dos a propiedad tradicional (de pueblos). Nada de propiedad privada, pues, en la Ciudad de México.

Fenómeno similar ha ocurrido en otros ámbitos de los derechos, donde el discurso supone que la versión construida por la izquierda en los últimos 25 años es la correcta y la única, acabando de golpe con el derecho elemental a la libertad de pensamiento y expresión: simplemente no podemos discutir, porque hay posiciones que, de entrada, se califican de discurso de odio y discriminación. Pues no.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.


Twitter: @macariomx

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