Opinión

Derechos LGBT, que EPN no se quede solo

 
1
 

 

LGBT

En el número correspondiente al 25 de abril, la revista The New Yorker hacía el recuento de leyes que estados de la Unión Americana habían aprobado para limitar los derechos de la comunidad Lésbico, Gay, Bisexual y Transgénero (LGBT). A contrapelo de la administración Obama, 25 congresos estatales han promulgado más de 100 iniciativas para limitar esos derechos. Muchas de esas leyes –detallaba el semanario– escondieron sus propósitos discriminadores en supuestas legislaciones de protección de derechos religiosos.

Es otras palabras, la batalla por los derechos de las personas de la comunidad LGBT están todo menos a salvo cuando un presidente compromete su apoyo.

No queda claro por qué el presidente Enrique Peña Nieto decidió anunciar iniciativas de ley y medidas ejecutivas para dotar de plenos derechos a las personas del colectivo LGBT.

Pero qué bueno que Peña Nieto así lo haya hecho. Sin embargo, el futuro de esas iniciativas está en riesgo por varios factores, uno de ellos es la falta de decidido acompañamiento al presidente en esta materia por parte de sectores claves de la sociedad.

Desde el principio era previsible que el anuncio presidencial tendría múltiples lecturas, algunas muy agrias, en diversas partes del país y entre distintos sectores de la población.

Sin embargo, algunas de las críticas provinieron de gente que incluso apoya el matrimonio gay.

Entiendo que algunas de esas expresiones estaban en lo correcto al señalar que, en los hechos, la Suprema Corte ya había dado los pasos fundamentales para que esos derechos queden a resguardo. Por tanto, acusaban a Peña de oportunismo.

Pero la decisión de Peña Nieto, con la apertura de Los Pinos a representantes de la comunidad LGBT el 17 de mayo pasado, es un poderoso mensaje político que hay que aquilatar, para empezar porque era previsible que no caería muy bien entre, por ejemplo, demasiados priistas.

Y a tres semanas del anuncio, tenemos que hacernos cargo de que hay una poderosa movilización en rechazo a lo anunciado por el mexiquense.

En esa contraofensiva están desde el cantante Emmanuel, que en un concierto en Mérida dijo cosas aberrantes que, según él, están ocurriendo en las escuelas hasta, por supuesto, un rosario de obispos que aquí y allá han pegado el grito en el cielo.

No debería extrañar que la Iglesia católica rechace estas medidas. Es lo previsible. Más digno de atención, y difícil de enfrentar, es el fenómeno que agrupa ya a decenas y decenas de organizaciones que en distintas regiones del país han manifestado que combatirán las intenciones del gobierno federal.
 
En el templo o fuera de él, a un obispo se le puede exigir que al usar su libertad de expresión no transgreda la ley, no pretenda hacer política. Pero qué hacemos con movimientos menos evidentes, que financiados por quién sabe qué patronos y en nombre de Cristo vendrán a tratar de secuestrar congresos.

Y qué hacemos con políticos, muchos de ellos priistas, que se dejarán capturar y de buena gana frenarán lo anunciado por el presidente. Recordemos que ya en el pasado el PRI fue acólito de intereses que bloquearon el derecho de la mujer a decidir sobre su cuerpo.

Debemos apoyar a Peña Nieto en esta agenda, no vaya a ser que al sentirse rodeado de reclamos (incluso le achacan derrotas electorales del domingo), y sin apoyo de los progres, el presidente concluya que le sale más barato aceptar un veto de bolsillo y el triunfo de la contraofensiva conservadora.

Antes que regatear ese mérito a Peña, hay que acompañarlo en la batalla por los derechos para todos.

Twitter: @SalCamarena

También te puede interesar:
​El PAN y el síndrome Bernie Sanders
Ricardo Monreal y su regaño perfecto
Remedios para la cruda electoral