Opinión

Derecho de piso

  
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Torero

Manuel Escribano es un torero sevillano de 32 años y como todos y cada uno de los toreros que llegan o no a triunfar, su historia está fundamentada en la incontrolable vocación de aquellos que nacen con la convicción de ser toreros, sin lugar a dudas la profesión más difícil del mundo.

Con tan sólo 9 años se puso por primera vez delante de una becerra y desde aquel 1993 su vida la ha dedicado a ser torero. A los 14 entró a la Escuela Taurina de Sevilla y debutó en Francia. Con 18 años se presentó como novillero en Las Ventas de Madrid. En 2004 tomó la alternativa y pasó los duros primeros años de doctorado casi en el anonimato. Fue hasta 2013 cuando el destino le ofreció una oportunidad única; digo “destino” porque Manuel sustituyó al Juli en una tarde de mucha expectación, pues el madrileño lidiaría Miuras. Cayó herido de gravedad El Juli días antes en la misma feria sevillana de abril, Manuel lo supo, era su tarde y el destino le premió además con un buen toro de Miura al que le cortó dos orejas. El sacrificio, entrega a su profesión y dedicación absoluta a su vocación le rendían frutos.

Desde esa tarde el sevillano no ha hecho más que triunfar: tres años de tener mayor presencia en las ferias y alternando con toreros importantes. Manuel se arrima, y fuerte, los toros le han cobrado con sangre su paso por el máximo nivel del toreo. Una cornada penetrante de vientre lo tuvo en las puertas de la muerte hace un par de años.

En 2015 vino a México y confirmó su alternativa toreando espléndidamente un buen toro de La Punta. Tuvo actividad a principios de este año en distintas plazas de la República, gustando mucho al público mexicano.

Arrancó la temporada española con triunfos y mostrando cada vez más sitio, gusto y entrega en el ruedo. Su carácter, carisma y personalidad caen bien, además de ser un muy buen torero. Llegó de nuevo abril y Escribano estaba por méritos propios anunciado en dos tardes en Sevilla, la primera el día 13 resultó histórica por el indulto del toro “Cobradiezmos”, de la ganadería de Victorino Martín; uno de los toros más bravos que se han lidiado, no sólo en Sevilla sino en el mundo entero. Manuel supo otra vez estar a la altura y triunfar con ese gran toro. Tarde de apoteosis para la consolidación del sevillano, que tiene además una gran cualidad, sabe torear a todos los encastes del mundo del toro.

Avanzaba la temporada y los triunfos seguían, la responsabilidad crecía, pero la alegría de este hombre por ocupar un lugar de privilegio en la tauromaquia también aumentaba, lo mismo que su capacidad y formas de ejecutar e interpretar este arte.

“Madroño”, un toro del mismo encaste que “Cobradiezmos”, sólo que de la ganadería de Adolfo Martín, primo de Victorino, marcó la trayectoria de Manuel; salió en cuarto lugar en la Feria de Alicante, la brisa mediterránea y el verano en sus comienzos fueron el marco ideal para una tarde de toros. Escribano estuvo formidable con “Madroño”, lo cuajó con el capote, lo banderilleó con lucimiento y le instrumentó una artística faena de muleta al torearlo muy despacio, aprovechando las buenas condiciones de bravura y nobleza del astado. Con el triunfo en la mano, montó la espada y se fue derecho para asegurar las orejas, el toro en certero derrote prendió a Manuel en la ingle y desde el momento que cayó a la arena se pudo dimensionar la gravedad de la cornada por la cantidad de sangre que tiñó de rojo el terno rosa y oro.

Brutal cornada en el Triángulo de Scarpa, de 12 a 14 centímetros, con arrancamiento completo de la vena femoral y de safena interna; evisceración de testículo izquierdo con pérdida de superficie escrotal; cuadro hemorrágico severo con shock hipotérmico. Pronóstico muy grave.

Así, en un segundo todo dependía ya de la pronta respuesta de los médicos y de la voluntad de Dios. ¡Qué duro es el toreo!

Pese a la gravedad Manuel se recupera, es un hombre sumamente fuerte físicamente, perfectamente bien preparado, cuya fortuna pese al percance le sigue permitiendo estar en este mundo.

Los toreros están dispuestos a morir en el ruedo. Son muy fuertes. Sus cornadas, lejos de darnos lástima, a los taurinos nos dan orgullo, ellos son un ejemplo, unos héroes; al contrario de las personas que celebran cuando un torero cae herido, lo cual habla de lo más bajo a lo que puede llegar el ser humano: humanizar a los animales y deshumanizar a sus semejantes.

Ya lo he escrito, estamos mal, muy mal, la intolerancia es el mayor problema de esta sociedad.

Twitter: @rafaelcue

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