Opinión

¿Derechización política y económica de América Latina?

 
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Dilma Rousseff

En breve, en la Ciudad de México, en marco de su nuevo periodo de sesiones, la Cepal hará el anuncio de su visión acerca del futuro previsible para América Latina y el Caribe. Destacan varios asuntos que vale la pena mencionar y ubicar en el conexto actual de la región para cavilar acerca de su viabilidad. La Cepal tiene la convicción que la etapa dorada de altos precios de las commodities y los productos minerales y petrolíferos no solo quedó atrás si no que no regresará. Las economías de la región observarán tasas muy modestas de crecimiento económico.

Ante esa situación, y en la línea que la Cepal ha mantenido en los últimos años de combatir la desigualdad, los logros en política social, deberían ser preservados. El objetivo es que en el marco de la frugalidad económica, haber sacado a millones de personas de la pobreza es un logro que no puede ser soslayado. Hay que mantenerlo, junto con los propósitos de sustentabilidad. Sin duda un planteamiento muy importante pero, ¿es factible en el marco de lo que acontece hoy día en América Latina?

En los últimos meses, todos hemos sido testigos de cambios políticos y económicos en América Latina. Por ejemplo, a finales de año, un nuevo gobierno tomó la conducción de la Argentina y, en cuatro meses ha cambiado, otros dicen destruído, de manera radical lo que al Kirchnerismo le tomó más de una década. Mauricio Macri, al que unos lo bautizan como el playboy de la política, traicionando lo que prometió, ha devaluado el peso argentino en un 6%, produciendo una inflación del 30%, en los primeros tres meses de gobierno, despidiendo, con alegría, a más de 150,000 servidores públicos, por razones de militancia política, principalmente, y trasladando, nuevamente, a la condición de pobres, a 1,500,000 de paisanos suyos. Ciertamente, un golpe de timón brutal que, como primera reacción, ha sacado a la calle a cientos de miles de personas a protestar y creando un estado de inestabilidad que, seguramente, repercutirá en el desempeño económico de ese país que, de por si, en cualquier circunstancia, no se vislumbra como positivo. Se trata de un gobierno muy conservador que hoy discute, entre sus ministros, no si el efecto de sus decisiones es bueno o negativo, si no, si deberían ir más rápido en aplicar duras medidas fiscales. Y parece que ya tomaron decisiones, en días pasados se anunciaron ajustes en las tarifas eléctricas, entre otras, de porcentajes de centenares. Esta decisión, por ejemplo, ha puesto en peligro la viabilidad el funcionamiento, por ejemplo de las universidades. El Rector de la Universidad de Buenos Aires ha declarado que con esos incrementos tarifarios, el presupuesto asignado a la Universidad le permitirá funcionar sólo hasta la mitad del año.

En el caso del Brasil, la sentencia está prácticamente dictada. El 12 de mayo, el Senado de ese país ratificará la decisión de enjuiciar a la Presidenta Dilma Rouseff por irregularidades en el manejo de los dineros públicos a su disposición. La apartará, inicialmente seis meses de su capacidad ejecutiva pero, muchos presentimos, para un no retorno. Dilma o será destituída al término de ese periodo de seis meses, o antes ella renunciará, según dicten las circunstancias políticas.

Cincuenta y cuatro millones de votos que la ratificaron como presidenta hace más de casi dos años, para un nuevo periodo presidencial, son rebasados por la derecha por personajes políticos acusados de corrupción. Y nada y nadie parece poder revertir lo que, en breve, ocurrirá. Y a pesar que muchos brasileños dicen no tener claro que ocurrirá con el nuevo gobierno, la presunción más plausible es que la política social implementada en Brasil desde hace trece años, será revertida, en alguna dimensión. En un país, con la población de Brasil; con las desigualdades en el ingreso y en la distribución de la riqueza, cualquier disminución no es poca cosa. El mensaje parece ser que los ricos de Brasil no están dispuestos a permitir que una política redistributiva continúe. Y aprovechando los actos de corrupción de sus adversarios, la izquierda, dan un golpe de estado blanco, así llamado por los brasileños, que hará girar la política y la economía hacia intereses más concentrados.

En Perú, el 5 de junio, el electorado deberá optar por Keiko Fujimori o Pedro Pablo Kuckinsky (PPK). Dos connotados políticos peruanos que profesan ideologías neolberales, aunque con diferenciado grado de expertise, se disputan la silla presidencial. La primera, una neoliberal inexperta que cabalga sobre el populismo de su padre que, entre asesinatos de opositores politicos y terroristas, y famosos actos de corrupción, dotó a comunidades rurales y urbanas de obras de infraestructura que, aunque de mala calidad, fueron, y siguen siendo, muy apreciadas por la población pobre del Perú, que nunca, o casi nunca, ha sido atendida por algún gobernante. Kekio Fujimori está muy cerca de no solo convertirse en la primera mujer presidente del Perú. Ya controla una porción importante del Congreso con 71 congresistas, de un total de 130. De ganar la presidencia, gobernaría con poder absoluto.

De otra parte, el financiero de la Wells Fargo, y en algún momento Primer Ministro y Ministro de Minas del Perú, PPK aspira también a gobernar, prometiendo mejores niveles salariales y de empleo, con la vieja receta de promover el crecimiento a partir, principalmente de la inversión extranjera directa. En América Latina y el mundo, particularmente el subdesarrollado, sabemos que a más crecimiento, que será difícil de conseguir, nunca asegura mejorar los niveles de bienestar, particularmente de los pobres, la mayoría de la población en Perú.

Es en esos contextos políticos y económicos en los que la recomendaciones de la Cepal operarán. ¿No será que estamos, entonces, que podríamos estar hablando de pipe dreams?

El autor es catedrático de la Facultad de Economía UNAM.

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