Opinión

Democratizar los partidos y procesos electorales

 
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César Camacho y Manlio Fabio Beltrones en la Sesión Extraordinaria del Consejo Político Nacional del PRI. (Édgar López)

Cada vez parece más urgente introducir procesos democráticos al interior de los partidos políticos para poder alcanzar una mejor democracia política, económica y social. Ello es claro en el caso de México, pero también en Estados Unidos, Canadá y otros países teóricamente democráticos.

Empecemos por nuestros vecinos del norte. En estos días constatamos una vez más que está ya en marcha -muy temprano- un proceso interno para definir a los candidatos presidenciales de los dos partidos políticos. Pude ver los debates entre los candidatos republicanos y quedé impresionado por la forma en que discutieron en relativa igualdad de tiempo y condiciones los diez más populares (por el momento) incluyendo a Trump, Bush, Rubio, Cruz y compañía.

Quedé impresionado por su rivalidad para mostrar quién sería el más duro, el más conservador frente a la inmigración, el derecho a la vida, el manejo liberal de la economía de mercado, frente al Estado Islámico, los Clinton y Obama, entre otros temas. Pero lo que más me impactó fue el liderazgo populista y atrabancado de Trump y su alardeo de poder económico para comprar a quien fuera necesario para alcanzar sus objetivos.

La ironía del debate fue que sólo él se atrevió a expresar con todo descaro la amenaza permanente a la democracia que representan los ultraricos en el mercado electoral. Mr. Trump fanfarroneó que él había hecho donaciones importantes a muchos políticos, incluyendo algunos rivales en escena, en su búsqueda de asegurar influencia y poder como empresario millonario. “Cuando necesito algo de ellos -aseguró- los políticos agradecidos ahí están para mí. Y eso es un sistema roto (a broken system)”.

Un editorial del domingo pasado del NYT llama la atención a esta actitud y al importante papel de los millonarios y billonarios en las campañas políticas de Estados Unidos y destaca con datos duros que más de la mitad del financiamiento a las campañas actuales procede de 130 familias y sus empresas y fundaciones asociadas y que menos de 400 de las familias más ricas han venido financiando la mitad de los recursos de campañas políticas de ambos partidos. Las actuales disposiciones legales permiten mantener confidenciales muy diversas donaciones, violando de facto los límites establecidos por donante.

“Esta es una alarmante dirección de las campañas modernas
-argumenta el NYT- que surge con la mayor disparidad en la distribución del ingreso y que está empoderada por nuevos métodos en la sombra para obtener dinero ilimitado y sin rastro de los donantes más ricos... Los republicanos son los principales beneficiados del 'círculo platino' -con Jeb Bush a la cabeza, con 103 millones de USD- pero Hillary Clinton no está exenta de esos privilegios, aunque entre sus promesas de campaña está la de reformar el financiamiento… una vez que llegue a la Casa Blanca”.

Si a los métodos de financiamiento privado (no hay recursos públicos asignados a los partidos en Estados Unidos) se agrega el método indirecto de elecciones prevaleciente en ese país, que tanto ayudó a Bush en Florida frente a Al Gore en 2000, la preocupación por los grandes intereses fácticos se hace mayor. La democracia económica es difícil de alcanzar en esos términos.

¿Qué sucede en México?
Vivimos una época de crisis sistémica y gran escepticismo de la ciudadanía y de transición en los partidos políticos. Tras las elecciones de julio, ha crecido la desconfianza en los partidos políticos y el INE
-sobre todo por su inacción frente al Partido Verde y los intereses que representa-. El Bronco y los independientes ganadores han dejado su huella. Los partidos han iniciado cambios de liderazgo en respuesta a los resultados en las elecciones y a las encuestas recientes de opinión sobre el presidente rumbo a 2018, que muestran declinante preferencia por el PRI, el PAN y sobre todo el PRD y una corriente amenazante a favor de Morena y AMLO.

El PAN está realizando un proceso democrático para definir su liderazgo futuro; incluyendo debates públicos. Anaya parece tener un 90 por ciento de preferencias para dirigirlo y seguramente habrá sido elegido al publicarse este artículo. De esa definición habrán de surgir futuros candidatos a gobernadores y eventualmente a la presidencia de la República, para la que ya hay cuando menas una candidata expresa:, Margarita Zavala.

El PRD se encuentra sumido en una profunda crisis, después de la gran pérdida de votos y miembros del partido que lo han venido abandonando y en su mayoría se han trasladado a Morena desde las elecciones. Ante un difícil futuro, su presidente ha renunciado al cargo y abierto un compás de espera para su reemplazo, en el cual aparecen pocos candidatos dispuestos a tomar la estafeta -Armando Ríos Piter es uno- en medio de grandes especulaciones de candidatos externos al partido como el exrector de la UNAM, Juan Ramón de la Fuente. Lo deseable sería un proceso similar al del PAN, que permitiera el surgimiento de varios candidatos y una nueva plataforma política y agenda nacional para enderezar al partido.

El PRI, tras de la anunciada renuncia de Cesar Camacho, el fin de la diputación y la presidencia de la Cámara de Manlio Fabio Beltrones y los rumores sobre la eventual llegada de Aurelio Nuño, tiene ya en Beltrones un “candidato de unidad” y virtual nuevo presidente. Su unánime aprobación por las diversas confederaciones integradas al PRI, ratifican el tradicional dedazo en el PRI. No hubo elecciones primarias o debates de personas y programas.

Manlio Fabio, polémico, con claroscuros, es reconocido como un político nato y eficaz, y hoy por muchos priistas como el único que puede parar a AMLO, controlar y equilibrar regionalmente al partido en medio de la crisis nacional y llevarlo al triunfo en las próximas elecciones, incluyendo las presidenciales, en las cuales surge como un candidato inevitable frente a los hombres del presidente. Resulta interesante su discurso del sábado pasado, en que se refirió a la urgencia de crecer, combatir la desigualdad y la pobreza y generar empleos, así como su entrevista ayer en El Universal. ¿Nuevo discurso y nuevo rumbo, superada la sana distancia? ¿O sólo nuevo discurso para que todo siga igual? Esperamos que sea lo primero y que haya un efectivo diálogo interno que conduzca a una agenda de desarrollo que atienda los reclamos de la sociedad.

Esperemos también que a futuro en el PRI, en Morena y en el resto de los partidos políticos, se dé un sano proceso democrático interno para seleccionar a sus dirigentes y candidatos y surjan alianzas genuinas, basadas en programas compartidos, por encima de los grandes intereses económicos, que en México, como en Estados Unidos, actúan con impunidad en los procesos electorales y en el ejercicio mismo del poder.

Se vale soñar, ¿no?

El autor es investigador asociado de el Colegio de México y presidente del Centro Tepoztlán Victor Urquidi AC.

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