Opinión

Demócratas y republicanos

 
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Donald Trump.

La confrontación entre demócratas y republicanos en Estados Unidos alude a dos concepciones ideológicas y políticas de lo que se considera el American Way of Life. Teniendo como denominador común la defensa de la democracia, el libre mercado y la vigencia de un Estado de derecho para todos, las formas de interpretar estos principios en la práctica, construyen visiones radicalmente distintas de aquello que representa la vida cotidiana de los ciudadanos del país más poderoso del planeta.

Y es que para el conservadurismo republicano, la generación de riqueza en manos de los particulares es por sí misma la promotora de crecimiento y progreso. La desigualdad que este proceso desarrolla de manera irremediable, no representa problema alguno siempre y cuando haya recursos que desde la cúpula corporativa empresarial se derramen hacia el resto de la sociedad. Cualquier intervención del gobierno en la economía, o programa social que pretenda corregir de una u otra forma las carencias derivadas de este capitalismo de grandes corporaciones, es denunciado como una medida socialista atentatoria del libre mercado.

Paradójicamente en este libertarismo económico individualista, no hay espacio para decisiones personales cuestionadoras de valores culturales tradicionales como el derecho a decidir sobre el aborto, el tema de la homosexualidad y su inserción en la vida social norteamericana, o la defensa de grupos discriminados por cuestiones étnicas o por el propio proceso de concentración económica en pocas manos.

Frente a esto, la visión demócrata parte del principio de que el capitalismo tiene que ser regulado de una u otra forma, y los impuestos son considerados como un mecanismo de redistribución del ingreso indispensable para incorporar a los marginados del sistema, pero también para mejorar la calidad de vida de millones de trabajadores y pequeños y medianos empresarios que forman la clase media norteamericana. De hecho, esta idea republicana de reducir impuestos para crear más riqueza, ha derivado en la generación de monstruosos déficits, primero con Bush padre, el cual fue resuelto por Clinton, y después por Bush hijo, en la catastrófica crisis de 2008 que le costó a Obama casi 8 años superar de manera compleja y dolorosa.

En el lado republicano, Ted Cruz representa esta ideología conservadora llevada al extremo, y muy lejos del liderazgo de ese partido. Sin embargo, frente al asalto antisistémico de Donald Trump, cuyo discurso está más ligado al populismo individualista de la ideología blanco anglosajona protestante a través de su figura carismática, que a una nueva propuesta republicana distinta al planteamiento tradicional, Cruz aparece como la única carta posible en una convención abierta. Para los demócratas, la figura de Bernie Sanders, sin convertirse en una alternativa real a Hillary Clinton, obligó a ésta a profundizar en la agenda social y a alertarla de su alejamiento de los jóvenes en las filas de lo que se conoce como el progresismo norteamericano.

Hoy más que nunca las diferencias entre republicanos y demócratas se hacen patentes. En el tema migratorio, el rechazo de los conservadores a entender el papel de los ilegales en la economía y en la realidad social de su país, aunado al pensamiento mágico irracional de pretender desaparecerlos de la noche a la mañana, nos habla de los riesgos reales que enfrentará la señora Clinton a la hora de enfrentar al abanderado republicano ya en la campaña presidencial. Los demonios del submundo norteamericano apenas están por aparecer.

Twitter:@ezshabot

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