Opinión

Delfino y el discurso de las armas

  
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marquesa

“Es un héroe ese señor, oiga”. Es sábado y no tengo muchas ganas de contradecir a Delfino, quien a punto de cumplir setenta años me dice en Temascaltepec, Estado de México, que estuvo muy bien lo que hizo el desconocido autor de la muerte de cuatro asaltantes en La Marquesa.

“Uno va así, sin hacerle nada a nadie, y salen esos desgraciados con esos fierrones, y qué hace uno, pos nada. Qué bueno que los mató el señor ese”, insiste este jornalero, que habla de las veces en que se ha topado con malhechores. En todas las ocasiones, y cuenta varias, se salvó de ser víctima de un crimen ya sea porque resultaba que ellos (el grupo donde estaba Delfino) eran más que los delincuentes, ya sea porque estaban armados. “Si no quién sabe qué habría pasado”.

A lo mejor debí haber sacado de su error a Delfino. Sermonearlo con que la justicia en mano propia es un suicidio colectivo; que las armas no son la solución; que tenemos un nuevo sistema de justicia que ahora sí va jalar; que pronto habrá mando único policial en los estados; que la solución es una Secretaría de Gobernación que coordine; que la gente debería denunciar aunque no la pelen y la maltraten en los ministerios públicos, y si no denuncias tú serías cómplice de la impunidad, Delfino; que Eruviel tiene el Edomex hecho una chulada; que no vives en el país de bárbaros que crees que vives, Delfino, qué no ves que ahora sí se va a combatir la corrupción porque hay un sistema nacional; qué no entiendes que tenemos un nuevo procurador (cuestionado como el que más el Raúl Cervantes ese, pero para qué detenernos en minucias de la comentocracia); que no, Delfino, ese señor de la Marquesa no es un justiciero, mal hacen los que no dan detalles sobre su identidad, mal hacen quienes no lo delatan aunque estén hartos de que los asalten, malos ciudadanos, eso es lo que son Delfino, y tú de paso por pensar que es un héroe el señor ese.

Algo así pude haberle dicho.

Confieso que me faltó convicción. O quizá fue que me sobró información. Porque frente al discurso de la ley, está el de las armas, y éste se ha hecho presente por todos lados, para empezar en noticias de vecinos que se arman, de la plaga de linchamientos, de ideas armamentistas en el Senado, de sólidos aumentos en el gasto de seguridad privada de quienes pueden pagarla.

Algo debe saber Delfino de las razones que tienen en Iztapalapa para haber anunciado hace tres semanas que se armarán y harán rondines contra los asaltos (http://bit.ly/2dkQKBe), de lo que sienten los habitantes de Atoyatenco que se armaron contra delincuentes de Texmelucan, Puebla (http://bit.ly/2fpVjga); no le ha de sorprender la nota de abril de 2014 de que surgieron “autodefensas urbanas en Chilpancingo” (http://bit.ly/2eD9Zdj), y debe ver como natural que en enero, con escopetas, vecinos de Mártir de Cuilapan, Guerrero, hayan instalado “tres retenes contra el crimen organizado” (http://bit.ly/2ftBe9f), lo mismo con respecto a los colonos de Hermosillo, que en febrero también se armaron contra la inseguridad (http://bit.ly/2fpZl8n)

Porque a ver quién se atreve a decirle a Delfino que está bien que sólo los ricos puedan armarse en nuestro país ("Crece 60 por ciento demanda de seguridad privada en México". EL FINANCIERO 12/2015 http://bit.ly/21wR3xP).

Con eso en mente, y oyendo a Delfino, cuidadito con desestimar al senador Preciado. Trae un discurso –el de las armas– que puede pegar. Porque para muchos el de la ley nada ha resuelto.

Twitter: @SalCamarena

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